martes, 7 de febrero de 2012

Golpe de Estado al honor militar


Golpe de Estado al honor militar

Por: ÓSCAR IVÁN ZULUAGA | 8:29 p.m. | 05 de Febrero del 2012
Tomado del diario El Tiempo

Los jueces tienen la última palabra y esas son las reglas del juego democrático, pero la última palabra en este caso no se ha dicho todavía.
Estoy seguro de que los militares preferirían renunciar antes que ver mancillado el honor militar.
El reciente fallo promulgado por el Tribunal Superior de Bogotá respecto a los hechos del Palacio de Justicia ha generado una profunda indignación en la sociedad colombiana -y no sin razón-. Es cierto que los fallos de la justicia deben respetarse. Pero no se sigue que sean incontrovertibles, mucho menos cuando los errores de un juez ponen en juego la credibilidad de las instituciones. Los jueces tienen la última palabra y esas son las reglas del juego democrático, pero la última palabra en este caso no se ha dicho todavía. Así las cosas, participar en esta necesaria polémica no constituye desacato ni presión a la justicia.
El fallo en mención contiene tres elementos preocupantes. En primer lugar, señala al expresidente Betancur como responsable de delitos de lesa humanidad y pide su juzgamiento por parte de la Corte Penal Internacional. Es muy grave que un alto tribunal haya llegado a semejante conclusión, que entre otras cosas desconoce las fechas de aplicación de las normas de la Corte Penal Internacional.
En segundo lugar, ratifica la condena de 30 años contra el Coronel Plazas Vega, a pesar de la insistencia de la Procuraduría General de la Nación sobre las inconsistencias del testimonio del testigo base que sustentó la decisión del tribunal. Dichas inconsistencias menoscaban la plena certeza de la prueba que debe sustentar toda decisión en materia penal.
Como si esto fuera poco, el fallo exige al Ejército pedir perdón en un acto público en la Plaza de Bolívar, ignorando que desde mediados del siglo XIX se extinguió la pena de vergüenza pública en el Código Penal Colombiano.
Las Fuerzas Armadas han sido pilar fundamental para la construcción de la democracia y nuestro soldados y policías han entregado sus vidas para defender la libertad y las instituciones de los terroristas que sistemáticamente han atentado contra la sociedad colombiana. Nuestro Ejército, además, se ha caracterizado por el respeto al Estado de Derecho y el acatamiento de las decisiones de la justicia. A la luz de esos hechos, la decisión del tribunal constituye un golpe de Estado al honor militar y afecta la confianza en los jueces.
El caso del Palacio de Justicia es uno de los más trágicos episodios de la historia colombiana. La guerrilla del M-19, con el apoyo del narcotráfico, produjo un holocausto que comprometió la estabilidad democrática del país. Pese a ello, la sociedad colombiana, en un acto de generosidad, perdonó al M-19 y permitió su indulto a través de una ley.
¿Cómo es posible que un alto tribunal pretenda ahora que el Ejército, que obró en defensa de los valores democráticos, se declare culpable por actuar conforme a los principios consagrados en su juramento?
Estoy seguro de que los militares preferirían renunciar antes que ver mancillado el honor militar y el nombre de su institución.
Razón tiene el presidente Santos cuando, interpretando el sentir ciudadano, les pide perdón al expresidente Betancur y a las Fuerzas Militares. La Procuraduría ha anunciado la impugnación del fallo a través del recurso de casación ante la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia. Este tribunal de máxima instancia, sabiendo lo que está en juego para el país y sus instituciones, debería corregir la desviación de justicia que se ha producido con absoluta celeridad.
Es momento de cerrar el capítulo del Palacio de Justicia de manera definitiva. Por ello resulta oportuna la propuesta del expresidente Uribe de que el Congreso adopte una legislación especial para los militares involucrados. Por lo visto, solo así podremos evitar que este episodio siga resucitando a través de decisiones judiciales tan equivocadas como la que se produjo en estos días.



Comentario por Twitter: La solución no es una “legislación especial”, ¿Qué se resolvería con crear un estamento nuevo cuando la justicia está contaminada  por el sesgo ideológico de sus operadores judiciales? Hay que corregir la causa para evitar el efecto. Está probado que los fallos se han producido basados en falsa pruebas y falsos testigos, en “desaparecidos” que tiene la Fiscalía y que se resiste a probar y a que les hagan las pruebas de ADN para que puedan ser entregados a sus dolientes y puedan asumir el duelo develando esto una falta de humanidad de lo más oprobioso; en darle la razón a un representante de las víctimas de manera prevaricadora todos estos hechos, que no es otro, que Guarín, que es un miembro del m-19, asaltante de bancos, secuestrador y en posesión de un arma de un policía asesinado. Es de llamar la atención que el magistrado ponente Hermes Lara deje un pulcro documento donde registra las razones por las que hace salvamento de voto ante una fallo como el del otro magistrado Alberto Poveda, militante del Polo, que evidentemente estaba impedido por esta razón. 
Como decíamos, si el magistrado ponente, conocedor a fondo del expediente proyectó un fallo para que se liberara al Coronel Plazas Vega, los otros, al menos uno, con sesgada carga ideológica y llegando en “paracaídas” procedan a inclinarse por lo opuesto. No es vendiendo el sofá que se arreglan las cosas.

lunes, 6 de febrero de 2012

DISENTIR NO ES GOLPISTA


DISENTIR NO ES GOLPISTA
María Isabel Rueda

Mar "La justicia no puede ser tan arrogante como para asumir que quien discrepe de algo tan eminentemente conceptual como es la interpretación del derecho, lo que está es llamando a la desobediencia civil."

¿Estamos ante un fallo serio? Disiento. Y vuelvo a disentir.

El respetado abogado Yesid Reyes, hijo del magistrado Reyes Echandía, uno de los mártires del Palacio de Justicia cuya rectitud echa de menos todos los días este país tan judicialmente desafinado, afirma que controvertir el fallo del Tribunal Superior de Bogotá en el caso del coronel Plazas "es un irrespeto a la justicia". Pero la justicia no puede ser tan arrogante como para asumir que quien discrepe de algo tan eminentemente conceptual como es la interpretación del derecho, lo que está es llamando a la desobediencia civil.

Pues después de haber leído juiciosamente sus 968 páginas, uno descubre con terror que a un colombiano lo pueden condenar a 30 años de cárcel, como al coronel Plazas, con base en las siguientes pruebas: 1. Un casete de audio que se perdió. (Solo quedó la transcripción hecha por una juez que admite como persona seria no poder responder por la autenticidad del casete, dejado anónimamente en la silla de una cafetería.) 2. Un testigo al que la defensa jamás pudo contrainterrogar, aunque según el Tribunal "no es condición para ejercer el derecho de defensa que se pueda contrainterrogar a un testigo de cargo". (¡Qué barbaridad!) 3. Una diligencia de la que no quedó registrada la fecha en la que se realizó. "Es una irregularidad", dice el Tribunal, "pero se puede deducir de otras actuaciones". 4. Un testigo que dice llamarse Villamizar pero firma como Villarreal. "Una grave desatención de la Fiscalía", según el Tribunal, que "no impide concluir que declaró Villamizar y no Villarreal". 5. Un testigo que no puso su huella en su declaración. "La huella solo es exigible cuando el testigo no quiere o no sabe firmar." 6. Un testigo que sí firmó, pero con una firma que no coincide con su firma. Según el Tribunal, eso tampoco importa, porque "para cada acontecimiento ese testigo usa estampar una rúbrica diferente". Por favor. ¿Qué garantías hay de que un testigo semejante no fue suplantado?

Doctor Yesid: a mí me enseñaron otro derecho penal. Uno en el que pruebas tan endebles producen dudas que se deben interpretar a favor de la presunción de inocencia del reo, como lo hace uno de los tres magistrados del Tribunal que deja un salvamento de voto.

Pero hay otros motivos graves de disenso.
- El fallo concluye que había un aparato de poder al interior del Ejército encargado de realizar desapariciones. En el discurrir del fallo no encuentro probada semejante barbaridad.
- El Tribunal es una segunda instancia sobre el caso concreto del coronel Plazas. No entiendo de dónde sale su atribución de imponerle una condena subsidiaria, y sin ser sujeto procesal, al Ejército de Colombia, como es la de pedir perdón no sabemos a quién, que no figura en la tipificación del derecho colombiano.
- El presidente Betancur ha acudido siete veces en 26 años al llamado de la justicia, que jamás le ha podido probar, a este hombre dignamente retirado en la intelectualidad, su participación en una desaparición de ningún ser humano. 

Por lo tanto, es una necedad jurídica suponer que aquí cabe el sistema subsidiario de la Corte Penal Internacional.
¿Cuántos desaparecidos finalmente deja la recuperación del Palacio de Justicia? Durante 26 años se ha dicho que once.

En su fallo, el Tribunal de Bogotá dice que solo está confirmada la desaparición de dos, la guerrillera Irma Franco Pineda y el administrador de la cafetería, Carlos Augusto Rodríguez Vera, por las cuales "rebaja" la culpabilidad del coronel Plazas de once desaparecidos a dos.

El tercer magistrado ponente del Tribunal deja un salvamento de voto en el que dice que para él la única desaparición confirmada del Palacio de Justicia es la de la guerrillera Irma Franco.

¿Estamos ante un fallo serio? Disiento. Y vuelvo a disentir.

HABÍA UNA VEZ... Cuando a los bogotanos nos iban a construir una gran avenida longitudinal en el occidente.

Mayor Información:
http://m.eltiempo.com/opinion/columnistas/maraisabelrueda/disentir-no-es-golpista/11069364/1

domingo, 5 de febrero de 2012

La Opinión del día

No pida perdón, general

Por: SALUD HERNÁNDEZ-MORA | 8:44 p.m. | 04 de Febrero del 2012
Tomado de El Tiempo.com

Por desgracia, ni siquiera esa injusta condena soluciona nada.

No debería, mi respetado general Alejandro Navas, comandante de las FF. AA., pedir perdón por una salvajada que no cometió el Ejército. Y si lo hace por disciplina, tenga por seguro que ese día seremos muchos los que iremos a la Plaza Simón Bolívar a boicotear la orden caprichosa de unos emperadores judiciales.

Acudiremos con banderas de Colombia a tapar sus palabras obligadas con nuestros aplausos a sus hombres. Son miles los mutilados, los enfermos, los que dejaron -y siguen dejando- la vida por defendernos, cientos los secuestrados, decenas los desaparecidos. Que hay manzanas podridas que vejan el uniforme, autoras de crímenes espantosos, es innegable y por eso es justo que paguen duras condenas y sus mandos pidan perdón a los colombianos.
Pero el Palacio de Justicia lo asaltó una banda terrorista que entró a sangre y fuego, asesinando inocentes desde el primer minuto. No fue, como dijo el otro día Clara López, un "aventurismo político" de los revoltosos integrantes del M-19. Se trató de un crimen brutal, financiado por Pablo Escobar, en el que los guerrilleros despreciaron, como siempre, la vida de sus compatriotas.

Y aún no hemos escuchado los perdón, perdón y mil veces perdón de labios de todos los M-19 que por fortuna -y gracias a la generosidad de sus conciudadanos- regresaron a la civilidad. Por el contrario, hace unos años, en Bogotá, se reunieron para cantar emocionados el himno de su banda terrorista y recordar con nostalgia su pasado. Por tanto, necesitamos oír su sincero arrepentimiento, así como la verdad de lo ocurrido, porque nos siguen mintiendo.

Sobre el llamamiento que hacen los dos magistrados del Tribunal Superior de Bogotá a la CPI para que enjuicie a Belisario, me pregunto: ¿a quién le hacen el mandado? ¿A Yesid Ramírez, expresidente de la anterior Corte Suprema? Pueden ser ignorantes, pero no tanto como para desconocer que lo del expresidente es un imposible jurídico. ¿No será su objetivo sentar un precedente para dictar lo mismo en sentencias posteriores que se refieran a Álvaro Uribe? Veremos.

Y en cuanto al fallo contra el coronel Plazas Vega, es un exabrupto completo. Tuve la infinita paciencia (deberían dictarles clase de redacción a fiscales, jueces y abogados) de leerme las 968 páginas y coincido con el magistrado que salva su voto. No sólo "la investigación brilla por su ausencia" y los distintos tribunales, además de la Fiscalía, acomodaron pruebas y testimonios a su antojo, sino que al oficial lo condenó su protagonismo mediático en la desastrosa retoma. Era el chivo expiatorio más fácil.

Queda en evidencia que los otros dos magistrados del Tribunal Superior -que despreciaron el trabajo juicioso que realizó su colega durante año y medio como ponente- utilizan sólo lo que les conviene de unos testigos de cargo cuyas declaraciones insultan la inteligencia de cualquier ser humano. Son contradictorias, cargadas de incongruencias, de lagunas, de imprecisiones, de falacias. Es tan evidente que falsean sus testimonios, que solo unos togados con intereses ajenos a su obligación de dictar Justicia ciega pueden tenerlos en cuenta. Es más, cómo serán de llamativas las mentiras y la falta de pruebas confiables, que aun tergiversando el material sometido a su revisión no pudieron endilgarle sino dos desapariciones de las once iniciales.

Por desgracia, ni siquiera esa injusta condena soluciona nada. Seguimos sin conocer todos los pormenores de lo que ocurrió ese día tanto en la Presidencia como en el interior del Palacio y con los desaparecidos. Lo único seguro es que si los del M-19 no cometen aquel acto de barbarie infinita, nadie habría llorado muertos ni vivido una tragedia.

HORROR JUDICIAL

 http://www.periodismosinfronteras.com/continua-el-horror-judicial.html

LA JUSTICIA INJUSTA DE COLOMBIA

¿Pedir Perdòn?
03/02/2012 
Mario Fernando Prado
El Espectador, Bogotá, febrero 02 de 2012

La politización de la justicia ha llegado a extremos indignantes. Ello lo pronosticó en su momento el por entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, a quien se le vino el mundo encima.
Sin embargo, harta razón le asistía a quien develó que detrás de muchos fallos judiciales merodeaban oscuros y corruptos intereses políticos que fueron capaces de permear el otrora más sagrado de los poderes de este país.

Y es que la sentencia del Tribunal Superior de la capital del país es francamente aberrante e insólita: Por una parte ratifica la condena de 30 años de cárcel al coronel Alfonso Plazas Vega. Por otra, pide a la Corte Internacional que “estudie” la posibilidad de investigar al presidente de esa época, Belisario Betancur, y remata ordenándole al Ejército que pida perdón por los “delitos ejecutados” durante la toma del Palacio de Justicia.

¡Los pájaros tirándoles a las escopetas! La justicia se atornilla en sus fallos y ahora resulta que los delincuentes (el Ejército) son quienes repelieron el ataque a la columna vertebral de la justicia —incluyendo al presidente de la época— y que deben pedir perdón por su execrable actuación.
Mientras ello sucede, los autores materiales, intelectuales y ayudantes de semejante magnicidio gozan de cabal salud y disfrutan de las mieles del poder gracias al gesto generoso del Estado al perdonarlos y permitirles su reinserción a la sociedad civil.

Pueda ser que la última instancia de este vergonzoso episodio eche al piso un fallo que corrobora la polarización de la justicia y deja entrever al servicio de qué intereses es que en repetidas ocasiones actúa. La opinión pública ha rechazado esta decisión y ha condenado al tribunal de marras.
30 años de prisión, investigar una vez más al ‘Presidente de la Paz’ —a quien se pasaron por la galleta— y ordenarle al Ejército que se arrodille frente a quienes delinquen, es un episodio vergonzante, más de una patria boba que de una democracia o un Estado de derecho.

Mayor Informacion:
http://www.pensamientocolombia.org/DebateNacional/pedir-perdon 

LOS GENERALES, ALMIRANTES Y CORONELES SE PRONUNCIAN

“Cuando un juez ordena en un fallo que las FFMM pidan perdón en acto público a un sector de la población que se es considerado como ofendido por la actuación de uno de sus hombres, lo que está haciendo es ordenando al pueblo que se arrodille ante la minoría violenta y de paso está ratificando que los jueces están arrebatando el poder soberano al pueblo, que no se sienten sus servidores sino sus amos, que no son del poder derivado sino que son los mandantes con el abuso de las atribuciones que se le confiaron.

Las Fuerzas Militares tienen la función de defender la soberanía y en ejercicio de esa función deben solicitarle al Presidente y por su conducto al Ministro de Justicia que ordenen al Consejo Superior de la Judicatura revocar el nombramiento de dichos magistrados permanentes dado que han demostrado públicamente su incapacidad y desconocimiento del Derecho, con el fin de evitarle al país daños futuros por sus fallos contaminados de contenido político.
 Si la sal se corrompe.....”

Coronel Daniel Vásquez






Bogotá D.C., 1 de febrero de 2012

Señor General
ALEJANDRO NAVAS RAMOS
Comandante General de las Fuerzas Militares
Ciudad

Señor General.

Comprendo su obligado silencio en momentos en que el Gobierno Nacional, mediante un comunicado de prensa, expresa su respeto y acatamiento y anuncia que se abstiene de hacer pronunciamientos en relación a la decisión de la sala penal del Tribunal Superior de Bogotá en la cual confirma la condena de primera instancia al coronel de la Reserva Activa Luis Alfonso Plazas Vega, a treinta años de prisión, sin que existan pruebas, por el delito de desaparición de dos personas durante el atentado criminal contra el Palacio de Justicia en 1985, perpetrado por el grupo al margen de la ley M-19 en contubernio con el narcotráfico. 

Resulta paradójico que en el mismo fallo judicial se condene al Ejército Nacional a la ignominia de pedir perdón por delitos por los cuales, ni ha sido juzgado ni cometió, olvidando que las instituciones no delinquen, mientras nada se dice en relación con los actores intelectuales de ese execrable crimen contra el máximo Tribunal de la Justicia de Colombia; personajes que hoy ocupan el Palacio Lievano de la capital de la República o desempeñan cargos gubernamentales.

Hubiera sido más comprensible que los artífices de este insólito fallo, incitaran a la Corte Internacional de Justicia a declarar inválido el indulto concedido por el gobierno colombiano, a los autores intelectuales de esa abominable agresión armada contra la Corte Suprema de Justicia, durante la cual hicieron víctimas de un atroz genocidio, delito de "lesa humanidad", a inermes magistrados y se los juzgará por su atrocidad criminal, pues son ellos quienes tienen una deuda con la justica y el pueblo colombiano.

Los integrantes del Cuerpo de Generales y Almirantes de la Reserva Activa de Colombia hemos acatado y hemos sido respetuosos de los fallos de los jueces y magistrados de la República, pero ante el escandaloso fallo que nos ocupa no podemos guardar silencio, pues este evidencia más un sesgo político que una decisión judicial en derecho, que ignora o descalifica actos de administración de justicia avalados por la Carta Política de Colombia y por si fuera poco condena injustamente al Ejército de Colombia a la degradación.

Sabemos de la probidad, discernimiento y buen juicio de la mayoría de jueces y magistrados del Poder Judicial Colombiano, por eso esperamos se dirima con justicia y en derecho el recurso de casación interpuesto ante la Suprema Corte en el caso del coronel Plazas Vega.

Señor general Navas Ramos, el pueblo y las Fuerzas Militares de Colombia están expectantes, y nosotros conocedores del valor, la entereza y el pundonor que lo caracterizan a usted y al general Sergio Mantilla Sanmiguel comandante del Ejército, sabemos que jamás someterían a esta notable institución militar a la oprobiosa afrenta de pedir indulgencia por delitos totalmente ajenos a su patriótico accionar.

Entre tanto, quienes integramos el Cuerpo de Generales y Almirantes de la Resera Activa de las Fuerzas Militares de Colombia estamos decididos a respaldar sus actuaciones, siempre que de defender el honor, la dignidad y la verdad institucional se trate, y no olvide que ¨un pueblo es esforzado o cobarde, según el espíritu que se le infunda, el modo como se le gobierne, y los generales que le manden¨.


General HÉCTOR FABIO VELASCO CHÁVEZ
Presidente

LA INJUSTA JUSTICIA COLOMBIANA

Políticos con toga

Autor: Iván Garzón Vallejo
Tomado de www.elcolombiano.com
3 de Febrero de 2012

Cuando los jueces defienden sus providencias eminentemente políticas aduciendo que se trata de decisiones ajustadas a Derecho, les pasa como al pastorcito mentiroso del cuento infantil: la gente ya no les cree. Pues para el ciudadano de a pie parece un desafío a la inteligencia creer que el derecho sea un mero instrumento de venganzas políticas e ideológicas, o que desde el derecho no se puedan redactar fallos que no susciten tantas dudas sobre su legitimidad y apego a la justicia material. Incluso, paradójicamente, ¡que no despierten dudas sobre su legalidad! La prudencia, virtud del buen obrar, brilla por su ausencia cuando los jueces les pretenden dar a sus sentencias alcances de políticas públicas, cuando suscriben exabruptos constitucionales o interpretaciones amañadas o, simplemente, cuando satisfacen el deseo de venganza y retaliación de víctimas, activistas y periodistas ideologizados.

No obstante, la politización de la justicia no se evidencia sólo en fallos cuestionables, en sentencias que imponen penas desproporcionadas (¡hacia arriba o hacia abajo!) o en  procesos que van acompañados de un linchamiento mediático. Aquella se expresa también en el rol público del juez, asistente asiduo a desayunos y cocteles políticos, protagonista de las noticias de farándula, voz familiar en las emisoras radiales, entrevistado favorito de los reporteros por su capacidad de hablar con pose de autoridad sobre todo lo humano.

Entretanto, la ciudadanía acrecienta su desconfianza en la Justicia cuando los jueces, en vez de asumir una actitud autocrítica y proponer reformas audaces, se victimizan y ¡reclaman más poder! De este modo, las expresiones “complot”, “desprestigio”, “desmantelamiento de la justicia”, “ataque contra la autonomía e independencia de la Rama” se vuelven caballitos de batalla esgrimidos una y otra vez, pues en el fondo esperan reivindicaciones maximalistas e insaciables. Para colmo, pretenden imponer una tiranía de opinión en la cual, quien no está con ellos, está contra ellos. Como un Partido único. Pero, al mismo tiempo, los togados suelen “tomar partido”, como hacen (y deben hacer) los políticos. Que ello sea entendido como “prejuzgar” o cuando menos indiscreto, no parece ser obstáculo para que lo hagan sistemáticamente: en la época de la justicia mediática, los jueces creen que tienen muchas cosas por decir –no sólo mediante sus sentencias, pues al fin y al cabo la gente sólo lee los comunicados que son publicados meses y meses antes de éstas–, y no están dispuestos a renunciar al aplauso de los defensores del activismo judicial (y de los incautos).

Los medios, grandes aliados suyos, aunque usualmente incisivos y hasta despiadados con ciertos personajes públicos, a los jueces sólo les hacen reclamos y críticas en tono menor. La irreverencia de la que se precian algunos periodistas queda sutilmente domesticada cuando el interlocutor ostenta el título de magistrado. Mientras tanto, los ciudadanos van tomando nota de que ciertos funcionarios públicos no le rinden cuentas a nadie. Son irresponsables. Políticamente, por supuesto. Y la democracia, ahí. 

Más allá de este penoso escenario, subyacen algunas cuestiones institucionales fundamentales:  ¿Qué van a hacer el Congreso y el Gobierno para restablecer el maltrecho equilibrio de las ramas del poder público en el país? ¿Legislativo y Ejecutivo aceptarán con resignación que el siglo de los jueces los tenga a todos, sin excepción, potencialmente en capilla para recibir el escarnio público en cualquier momento? Si es así, deberían recordar que este siglo apenas comienza…

Apostilla: Presidente Santos, a propósito del NOPECU (no pelear con Uribe): a quienes dicen una cosa y hacen (o mandan a hacer) otra, la gente también les deja de creer.

* Jefe del Área de Filosofía del Derecho y Derecho Constitucional, Facultad de Derecho, Universidad de La Sabana