martes, 22 de julio de 2014

EDITORIAL

Editorial

La distorsión de la verdad

En el reciente Informe de la ONG Fundación FOR (Fellowship of Reconciliation), de los EEUU, que bien merece un profundo análisis, resulta clara la intención de sus autores de afectar la Asistencia Militar de los Estados Unidos a Colombia, al demeritar su desempeño en materia de derechos humanos, para lo cual ladinamente, cuestiona la ayuda al pretender relacionarla con supuestas violaciones a los derechos humanos y argumentar que dicha asistencia ha sido negativa para los propósitos para la cual fue creada.

Por otra parte, el documento demuestra el intenso esfuerzo político que han adelantado las Farc, sus aliados y militantes no armados, para atribuir los orígenes y desarrollo de la violencia en Colombia, exclusivamente en cabeza del Estado y sus instituciones armadas.

Lo que sí es absolutamente seguro, es que de no existir una estrategia que contrarreste estas acciones, las Fuerzas Militares y particularmente el Ejército, van a salir muy maltrechas en las negociaciones, particularmente en su legitimidad. Con este objetivo de desprestigio, las Farc han obtenido grandes logros a través de un eficiente aparato propagandístico, apoyado en “estudios e investigaciones” de intelectuales, organizaciones de izquierda y tendenciosas ONG de Derechos Humanos, que han escrito su propia versión de lo acontecido en Colombia en los últimos sesenta años, sustentada en falsedades, calumnias, exageraciones y verdades a medias, que han sido repetidas permanentemente por su aparato político- ideológico. Esta estrategia resulta evidente en el reciente estudio de la Fundación FOR, donde casi todas sus citas y notas bibliográficas pertenecen a los mismos autores, referenciándose unos a otros en sus investigaciones, en un círculo perverso y malintencionado. Como este informe se han publicado decenas en los últimos años, cuya clara intención es torcer la verdad de acuerdo con sus intereses políticos e ideológicos.

El esfuerzo político de las Farc, siempre presente como complemento de la acción armada, manejado a través de organizaciones nacionales e internacionales, que gozan de prestigio y adelantan un trabajo paralelo a las pretensiones de las Farc está encaminado a establecer una “Comisión de la Verdad” que, en forma similar a como ha ocurrido en todos los procesos de paz adelantado con organizaciones terroristas, siempre señalará al Estado y sus fuerzas de seguridad como los responsables ante la historia, mientras que sus acciones terroristas se minimizan y exculpan y presentan como necesarias o altruistas.

Como un modelo estandarizado, producto de todos los procesos de negociación, lo que se asumió como compromiso del Estado, desde los preacuerdos, fue la forma unilateral de hacer la depuración de la FFAA, por lo que resulta cierto, como lo afirma persistentemente el Gobierno, que en la mesa de diálogos de La Habana no se negociarán las FFMM; lo fueron previamente con el argumento de que deben transformarse para enfrentar los nuevos retos del posconflicto.

En forma similar a como ocurriera en otras naciones, las primeras transformaciones, esas que actualmente se planean y adelantan, no deben inquietar extraordinariamente a aquellos a quien se dirigen, deben aparecer naturales y convenientes, y sus promotores en las instituciones armadas se presentarán a la opinión como personas de avanzada; posteriormente vendrán las más significativas y revolucionarias transformaciones, cuando ya se haya perdido la capacidad de reacción. Las reformas y reestructuración parecerán surgir del interior y haber sido adoptadas por las propias fuerzas. Nunca ellas fueron una imposición ni obedecieron a una estrategia oculta; por supuesto, nada de ello se negoció en La Habana.

¿Cuál ha sido la estrategia de los grupos terroristas? Crear todo un escenario respaldado en investigaciones de sus aliados, para mostrar una Fuerzas Armadas causantes de la guerra, violadora de los DDHH y del DIH y, de esta forma, condicionar al Mando, a los organismos de control, al Legislativo a adoptar las medidas necesarias para depurarlas, castigar a los corruptos y violadores de los DDHH. Adicionalmente, buscan demostrar que existe una política sistemática de la institución en la ejecución de delitos de lesa humanidad, con el fin de involucrar a los mandos en los altos niveles y, en últimas, buscar un cambio estructural en las Fuerzas Armadas de Colombia.

A este respecto, el Estado colombiano muy poco o casi nada ha realizado para contrarrestar esta manipulación de la verdad; la iniciativa la han tenido los intelectuales e ideólogos de izquierda, que han contribuido con los grupos armados, como una forma de lucha bien estructurada, a crear su propia versión de los hechos y mostrar una historia distorsionada y envilecida que invierte las cargas, los valores y deforma la realidad.

El Gobierno y las Fuerzas Armadas no han sido lo suficientemente dinámicos y proactivos para contrarrestar este esquema de lucha propuesto por las agrupaciones terroristas, quienes centraron su accionar hacia el aparato militar extremista, olvidando tomar acción sobre otras formas de lucha, que a la larga, resultan más eficaces que la misma derrota militar, como si lo hizo el terrorismo, el que volcó su esfuerzo principal hacia lo político o aquellas otras formas de lucha que promulgaron desde hace más de medio siglo.

La reciente publicación del informe “Basta ya” y el informe de cuatro tomos titulado "Huellas y rostros de la desaparición forzada, 1970-2010”, producido por el Centro Nacional de Memoria Histórica, organismo adscrito a la Presidencia de la Republica, puso en evidencia estas falencias del Estado colombiano. Allí se consigna, una narrativa de mentiras y verdades a medias, presentadas como una investigación seria, aunque carentes de todo rigor científico, las cuales fueron difundidas en todos los estamentos académicos nacionales y del mundo entero, causando gran daño a la legitimidad y el prestigio de las FFMM desfigurando la historia.

Aunque con mucho retraso, más vale tarde que nunca, el Comando General de las FFMM, a través de la Escuela Superior de Guerra creó el Centro de Memoria Histórica de las FFMM, el cual cuenta con un equipo de expertos investigadores que ha venido  trabajando intensamente, en una tarea ardua y compleja por la dificultad de tener que recopilar archivos y documentos que ayuden a esclarecer la verdad, este trabajo viene siendo coordinado con la Comisión Nacional de Memoria Histórica. Se anhela que este compromiso arroje resultados imparciales y sin carga ideológica, para que salga a la luz la verdad que tanto esperamos los colombianos y en particular las Fuerzas Militares.