miércoles, 14 de marzo de 2012


El juicio

Por Brigadier General (RA) Adolfo Clavijo


Sale el Señor Juez, muy orondo, envuelto en su toga, a ocupar su estrado judicial; está orgulloso de que le toque impartir justicia. Los asistentes se ponen de pie en señal de respeto y de acatamiento a la majestad de la justicia; cuando el Juez se sienta, ellos hacen lo propio. La asistencia está conformada, entre otros, por el secretario del Juzgado, el fiscal, la defensora, el representante de la Procuraduría, el acusado y algunos de sus familiares; unos periodistas, los testigos, unos veinte ‘patos’ y tres damas muy elegantes que se hallan ubicadas al fondo de la sala.  

El sindicado es el señor Lancero, a quien seguramente van a juzgar por un delito de lesa humanidad, violación a los derechos humanos, y otros de este tenor. Lancero participó, en calidad de comandante de una patrulla, en un enfrentamiento contra una organización al margen de la ley, en el cual la fuerza regular del Estado produjo unas bajas de miembros de un grupo armado. Muy seguramente también le cobrarán el haber faltado al principio de proporcionalidad, porque los defensores del Estado eran 18 hombres y el grupo de bandoleros apenas contaba con 17 y, además, no los llamó antes para preguntarles cuántos de ellos iban a delinquir, para que la confrontación, como lo exigen los magistrados, fuera como un partido de fútbol, once contra once, o de béisbol, nueve contra nueve. También es probable que lo juzguen por exceso de fuerza porque el grupo de la fuerza regular tenía un fusil más que los otros. El sindicado presenta como agravantes tres medallas de orden público, un distintivo de lancero y varios distintivos de cursos de contraguerrilla.

Al señor Lancero se le abrió el expediente cuando la señora Falsa Denuncia se presentó a la Fiscalía a decir que los muertos en la operación de la fuerza regular eran unos humildes campesinos que trabajaban por esos lados; que ellos no eran bandoleros; que ella los conocía desde tiempo atrás; que las armas que tenían -AK-47, que no usa esa unidad regular-, se las habían puesto ahí.

Con esta demanda, la Fiscalía abrió el proceso y llamó a declarar a Falso Testigo y Falso Testimonio, primos hermanos de Falsa Denuncia, y a doña Montaje de Pruebas. Durante todo el desarrollo de la investigación estuvo presente, sin intervenir, la señorita Indemnización, acompañada de miembros de varias ONG y de colectivos de abogados que eran quienes transportaban y paladeaban a Denuncia, Testigo, Testimonio y Montaje de Pruebas. En las afueras de la Fiscalía aparece casi todos los días un grupo grande de supuestos familiares de los sujetos dados de baja, con pancartas y gritos que reclaman “justicia” y condena inmisericorde para Lancero. Ellos están azuzados por las ONG y los colectivos de abogados, que presionan para lograr la condena del Señor Lancero ya que ésta le significará rentabilidad a Indemnización, quien repartirá las ganancias entre todos; la mayor tajada será para las ONG y los colectivos, instigadores de los motines.

Cumplidos los rigores de ley en el Juzgado, se dio inicio al juicio contra Lancero con la intervención del fiscal, abogado Armando Sesgo, quien leyó el expediente, iniciando con la demanda interpuesta por la señora Falsa Denuncia y las declaraciones de Falso Testigo, Falso Testimonio y la demostración que les hizo la campesina Montaje de Pruebas. Eran bastantes los folios de estas declaraciones, y de ellos se agarró el fiscal para demostrar que Lancero era culpable de todos los delitos que se le imputaban. Encausó el caso por los delitos de concierto para delinquir, ejecución extrajuicio y homicidio en persona protegida, concluyendo su intervención con la solicitud de 36 años de prisión para Lancero y para cada uno de sus 17 subalternos. El fiscal no leyó, porque no las había aceptado, ninguna prueba a favor del sindicado: ni la orden de operaciones ni las versiones de otros participantes en la operación ni las versiones de testigos civiles de la misma. En cambio, para reforzar sus puntos de vista y sus argumentos, sí leyó unos conceptos del profesor Ideología, que sostiene que Colombia tendrá paz y desarrollo sólo cuando gobierne aquí el Socialismo del Siglo XXI. El fiscal se mostró muy partidario de ese salvador proyecto al que, según él, se le atraviesan las fuerzas del Estado.

Durante su presentación de cargos, el fiscal Sesgo narró que varios técnicos en investigaciones estuvieron en el lugar de los hechos, tomaron y recolectaron las pruebas del caso. Anotó que, en ese momento, al escenario del crimen se presentó la señora Justicia Penal Militar y trató de entrometerse en la recolección de datos pero los técnicos no se lo permitieron. Aunque ella tiene atribuciones legales para actuar en estos casos, desde hace mucho tiempo no la dejan trabajar. Por falta de injerencia en su especialidad, su hijito, Fuero Militar, está famélico y moribundo.

Como testigos, el fiscal Sesgo presentó a las mismas personas que declararon en contra de Lancero. No dijeron nada nuevo pero fueron muy vehementes en sus exposiciones y se mostraron seguras de su verdad, que, por supuesto, era amañada; se trataba de un libreto que se sabían de memoria. También presentó a Injuria, un delincuente narcotraficante que paga una pena de 8 años y que tiene casa por cárcel porque el juzgado que lo condenó consideró que no es una persona peligrosa para la sociedad. La pena le fue impuesta por 23 asesinatos que le comprobaron. En la Fiscalía le aconsejaron a Injuria que se sometiera al principio de oportunidad, declarando en contra de Lancero, y le prometieron que si con sus declaraciones en el juicio lograba hundirlo, le rebajarían la pena y lo mandarían subsidiado al exterior. Injuria se derramó en prosa manifestándole al juez que él había oído cuando Lancero y sus compañeros planearon el crimen de los jóvenes, a quienes, según él, conocía como honestos campesinos. La defensora de Lancero trató de interrogarlo pero siempre que lo intentó el fiscal protestó y el juez acogió la protesta. En esta forma, todo lo que dijo se convirtió en prueba verídica contra Lancero.

Le correspondió luego la intervención a la defensa, a cargo de la doctora Conciencia. Comprobó que la operación adelantada por las fuerzas regulares fue legítima. Que todos actuaron cumpliendo una orden de operaciones contra un grupo de reconocidos guerrilleros y que todo se hizo de acuerdo con los reglamentos y manuales. Demostró que la demanda de doña Falsa Denuncia no tenía sustento real; que ésta había sido abordada e instruida para presentar la demanda por miembros de una ONG, enemiga de las fuerzas del orden. Dijo que no sabía qué le habían ofrecido a cambio. Desbarató una a una las declaraciones mendaces de Falso Testigo, Falso Testimonio, Montaje de Pruebas e Injuria y comprobó que las pruebas presentadas en contra de su defendido eran artificiales. Aseguró que los dados de baja en la operación oficial no eran de la región, por eso no podían ser conocidos por la demandante ni por los testigos. Sustentó que las condecoraciones y especialidades de combate de Lancero no eran ninguna expresión de violencia de una persona sino prueba de que estaba bien preparada para combatir a las organizaciones narcoterroristas. Convenció a una gran parte de los asistentes al juicio porque fue contundente y transmitió seguridad en su exposición; terminó pidiendo la absolución para su defendido.

La abogada Conciencia llevó como testigos a las señoras Verdad y Realidad. La señora Verdad manifestó que ella conocía muy bien el caso y que sabía quién mentía y a quién se le podía creer. Explicó al detalle cómo habían ocurrido los hechos y cómo se habían montado las mentiras y las falacias. Concluyó manifestando que si se condenaba a Lancero se cometía una imperdonable injusticia. Luego habló la señora Realidad, que aclaró que si el juzgamiento que se estaba llevando a cabo no se realizaba con la equidad requerida, podría entrar a engrosar los casos en que la Rama Judicial se ha venido desprestigiando al adelantar procesos jurídicos que van en detrimento de las fuerzas regulares del Estado, como parte de un proceso subversivo que viene inmerso en el conflicto interno. Aseguró que eso sería gravísimo para la estabilidad de la nación y para el prestigio de la misma Justicia; que ella esperaba que en este caso eso no fuera a ocurrir.

En este punto, el juez declaró concluida la audiencia y convocó para quince días después, dando la fecha exacta, la lectura de la sentencia. Cabe anotar que las tres distinguidas damas sentadas en los puestos traseros de la Sala de Audiencias no comentaron nada del juicio pero tomaron atenta nota de todo lo que aconteció.    

A las 8 de la mañana de la fecha señalada se dio comienzo a la lectura de la sentencia. Asistieron las mismas personas que estuvieron en la audiencia pública, aunque el número de espectadores aumentó –estudiantes de derecho de varias universidades. Por supuesto que allí se encontraban las tres damas que habían asistido al juicio quince días atrás. El juez, abogado de apellido Saña, tardó tres horas en leer la sentencia, la cual hacía mucho hincapié en los argumentos del fiscal y en las declaraciones de Falso Testigo, Falso Testimonio, Montaje de Pruebas e Injuria, dándoles toda la credibilidad del caso. Leyó un corto párrafo de la intervención de la defensa e invalidó sus argumentos y los conceptos de las testigos Verdad y Realidad. El texto indicaba que Lancero era culpable de los delitos de concierto para delinquir, ejecución extrajuicio y homicidio en persona protegida. En virtud de lo anterior, el juez le impuso a Lancero la pena de 46 años de presidio pero le recomendó que se acogiera al principio de oportunidad y delatara a todos sus superiores, hasta las más altas jerarquías, pues al hacerlo la pena se le podría reducir notoriamente a la mitad o a menos tiempo.

La defensa protestó muy airada por la condena y manifestó que interpondría recurso de apelación. El fiscal se mostró satisfecho porque él había pedido 36 años de prisión para Lancero y le habían impuesto 46. Los testigos de la fiscalía, las ONG asistentes y los colectivos de abogados se veían felices, pero la más contenta de todos era doña Indemnización, que se imaginaba el incremento en sus arcas y la satisfacción de repartir los dineros que recibieran del Estado entre los que trabajaron para lograr esa condena. La tristeza y el llanto invadieron a los familiares de Lancero y la perplejidad brotó en las caras de los estudiantes de derecho presentes en la Sala de Audiencias. Los periodistas se movían de una parte a otra retratando impresiones y haciendo reportajes.

Las tres damas, con semblante pálido y mostrando rostros de incredulidad salieron rápido del juzgado para dirigirse a la casa de la persona más afectada con este juicio. Cuando llegaron a su destino, la dueña de la casa, doña Administración de Justicia, que viene cojeando desde hace bastante tiempo y cada vez se agrava más, y que además tiene un fuerte tic en el lado izquierdo de la cara, las hizo seguir y con mucha ansiedad las interrogó. Primero, habló la bella señorita Eficacia, que dijo que ella estaba convencida de que iban a absolver al uniformado Lancero porque todo conducía a que ese fuera el fallo. Añadió que lamentaba mucho lo ocurrido porque el procedimiento del fiscal y la decisión del juez reforzaban el desprestigio por incompetencia e ineptitud que viene afectando a doña Administración de Justicia desde tiempo atrás, en especial cuando se procesa a personal militar. Tomó luego la palabra la simpática señorita Seriedad, para afirmar que los miembros de la justicia colombiana, por razones políticas o ideológicas, siguen jugando con algo tan sagrado como es impartir justicia. Agregó que el desarrollo y la conclusión de este caso le hacen mucho daño a doña Administración, y se mostró preocupada por la posibilidad de que se le incrementen la cojera y el tic. Por último habló la agradable señorita Ecuanimidad, para afirmar que en este caso no había habido nada de justicia. Que ella sabe cómo se siente doña Administración y el daño que le va a causar a su salud la inmoralidad de la fiscalía y del juzgado por ser parcializados. Añadió que con esa forma de actuar los miembros de la justicia sólo contribuyen a que el conflicto de Colombia siga su curso y se incrementen la violencia y el terrorismo. Con lágrimas en los ojos, las tres se abrazaron con doña Administración de Justicia y notaron cómo ella se desvanece cada vez más.

A los dos días de leída la sentencia, un grupo de miembros de las ONG presentó demanda para pago de indemnizaciones por lo ocurrido, mientras otro grupo de ellos tomaba avión con rumbo a San José de Costa Rica con el propósito de demandar por este caso al Estado colombiano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Se sabe que Colombia nunca ha ganado un juicio ante esa Corte, teniendo siempre que pagar sumas astronómicas y humillarse pidiendo perdón y construyendo monumentos insultantes.



Corolario

La metáfora retrata muy bien lo que está mostrando la justicia colombiana: que está politizada, infiltrada, y que es ineficiente, ineficaz, sesgada, y que en muchos casos, en especial cuando se trata de personal militar, actúa con prevención y rencor. Lo grave de esta situación, además de las injusticias de emitir condenas absolutamente contrarias u opuestas a los hechos, a la verdad o a la realidad de las circunstancias, es que a sus miembros los tenga sin cuidado obrar en forma indebida y que no les preocupe el desprestigio en que caen ellos y la administración de justicia en general. 

No obstante, el más perjudicado de todos con esta línea de comportamiento de la justicia colombiana es el país en general por cuanto, si la justicia no actúa con la debida probidad, nunca vamos a tener paz en Colombia. 



Bogotá, D.C., marzo de 2012




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