martes, 1 de febrero de 2011

La Opinión del día

UN EJÉRCITO VICTORIOSO

El General Mora Rangel, hace en este documento, un breve y excelente recuento de lo que fueron sus experiencias como Comandante General de las Fuerzas Militares y como Comandante del Ejército Nacional, durante una buena parte del gobierno del Presidente Álvaro Uribe Vélez.
Destaca la importancia de haber logrado la reestructuración que requería en ese momento el Ejercito, frente a esa amenaza creciente de las organizaciones terroristas, y ante  lo cual, los gobiernos anteriores prefirieron darle solo un manejo político circunstancial, sin correr mayores riesgos, que al final, tal como se aprecio en su momento, fue un total fracaso.
A diferencia de sus antecesores, el éxito del Presidente Uribe, fue el de haber entendido  la dimensión y la gravedad de esta amenaza, creer, apoyar y fortalecer a sus Fuerzas Militares, y especialmente, el haber asumido, junto con su equipo de gobierno y con la totalidad de sus funcionarios, la voluntad política requerida, para enfrentarla y derrotarla. Esta actitud y este liderazgo demostrado con hechos, permitió los resultados obtenidos. En el curso de los acontecimientos, todo esto  influyo de manera significativa en la moral de las tropas, acrecentando su voluntad de lucha, factor que es decisivo en la guerra para la obtención de la victoria.
Esto nos enseñaban nuestros jefes militares:................"La acción ofensiva, es la única que conduce a la victoria"
Brigadier General Jaime Ruiz Barrera

Dice el General Mora Rangel:

Trataré, en estas cortas líneas, de recorrer el camino que hombres y mujeres de nuestro Ejército han transitado para llegar a los momentos de victoria que los colombianos disfrutan hoy, sin el peligro del triunfalismo ni la alucinante euforia.
Por lo tanto, la actuación, evolución, tácticas o estrategias de los grupos terroristas lo dejaremos para los analistas, expertos y opinadores que, con el transcurso de la guerra, han crecido en número e importancia y seguramente continuarán haciéndolo extensamente. Nos iremos, entonces, por el sendero institucional, hasta llegar a nuestra exitosa operación Sodoma.
1.- Ofensiva terrorista
Durante los años 1996, 1997 y 1998 la guerrilla lanzó una serie de ataques contra poblaciones, unidades militares y la infraestructura energética vial, causando un sinnúmero de bajas, heridos y secuestrados en las filas del Ejército y graves daños a la economía del país, generando en el sentimiento nacional el miedo, el desamparo, la sensación de impotencia de las Fuerzas Militares y la posibilidad por primera vez del triunfo militar de la guerrilla. En el contexto internacional Colombia era un país inviable.
Los golpes que, en el campo de combate sufrió nuestro Ejército, fueron contundentes, certeros y con propósitos de mostrar fuerza, capacidad, dominio territorial y el mensaje, a la población y al gobierno nacional, de sus planes por la toma del poder . Estos alarmantes resultados causaron gran preocupación en todos los niveles y organizaciones del Estado. Se generó en el sentimiento nacional el deseo de paz impuesto por el miedo y la impotencia. Los pacifistas aparecieron por todas partes con sus dadivosas propuestas y, con la mayor certeza, podríamos decir que el triunfo electoral del periodo se lo otorgamos a estas circunstancias más que a cualquier otra. En el campo militar se analizaba el salto que en el nivel de la guerra se presentaba, al supuestamente pasar de la guerra de guerrillas a la guerra de movimientos. Estábamos en una verdadera encrucijada.
2. Reestructuración del Ejército.
La reestructuración del Ejército, a partir de marzo de 1998, fue una iniciativa totalmente institucional que el nuevo gobierno encontró en proceso y que se constituyó en la joya de la corona temática para contrarrestar el fracaso de las negociaciones de paz. El gobierno entrante en agosto de 1998 inició con su propuesta de paz, pero terminó en la guerra. Y, sin que fuera su iniciativa, lo de mostrar como resultado exitoso fue la reestructuración o fortalecimiento del Ejército. Podemos decir que todo lo que estaba sucediendo en el campo de combate exigía decisiones y acciones urgentes en lo táctico, estratégico, de organización y de la doctrina, pero especialmente en el alma institucional, donde más se estaban sintiendo los fracasos militares. Un resumen muy general de esta reestructuración podría ser:
Cambio de actitud mental.
Fortalecimiento del liderazgo.
Compromiso de los Comandantes, en todos los niveles, mediante el Código de Honor.
Motivación y reconocimiento a los combatientes.
Reemplazo de soldados bachilleres por soldados profesionales.
Incremento de efectivos en todas las estructuras.
Nuevas organizaciones y planes como el Plan Meteoro, el Plan Energético Vial, los Batallones de Alta Montaña , la FUDRA, el Batallón de Comandos, la Brigada contra el Narcotráfico, la Brigada de Aviación, la Escuela de Soldados Profesionales, más brigadas móviles y batallones de contraguerrillas.
Redefinición de la doctrina operacional.
Reestructuración del Estado Mayor del Ejército.
Reestructuración y modernización de la inteligencia.
Reestructuración del sistema logístico.
Organización del sistema de información y comunicaciones del Ejército.

Estos cambios y planes fueron fundamentales y decisivos para reorientar el rumbo de la guerra, dejando de lado la mortal rutina que nos llevó durante mucho tiempo a convivir con el conflicto. Fué una profunda y honesta autocrítica al interior de la institución, un avance con paso firme que inició el camino de la victoria. El General Álvaro Valencia Tovar registra la reestructuración como “EL CUARTO MOMENTO MILITAR DEL SIGLO”. La feliz coincidencia de este gran proyecto fue el “Plan Colombia”, importante determinación política internacional que se inauguró casi simultáneamente y que, a no dudarlo, facilitó y reforzó los propósitos de cambio.
3.- El plan de guerra patriota
Con la llegada al poder del Presidente Álvaro Uribe Vélez se puso en ejecución la “Seguridad Democrática”. Desde su primer día de gobierno, el Presidente mostró decisión y voluntad política de cumplir sus promesas de campaña. Para el Ejército, y en general para los militares, representaba la oportunidad que durante años se había esperado. Además llegaba en el momento de mayor necesidad en el desarrollo de la guerra. El impuesto al patrimonio decretado por el gobierno se materializó en un plan militar que incluyó el objetivo político estratégico y éste se concretó a finales del año 2002 en “EL PLAN PATRIOTA”.
El plan contempló una primera fase relativamente corta dedicada a la consecución de las necesidades logísticas, de organización y, en general, la toma del dispositivo y alistamiento para el inicio de las operaciones. La fase posterior fue la realización de operaciones ofensivas contundentes contra las estructuras de las Farc que, en cumplimiento de sus planes, habían logrado conformar un anillo de 18 frentes en el departamento de Cundinamarca que amenazaba directamente la capital de la República. Esta fase del plan se llamó ‘Operación Libertad’, que fue realizada por la Quinta División y la Fuerza de Despliegue Rápido, con la agregación de medios importantes de movilidad aérea y de inteligencia. El resultado fue altamente positivo, todas las estructuras de las Farc que conformaban el peligroso anillo fueron derrotadas.
En cumplimiento de la siguiente fase del plan, y liberados de la amenaza sobre nuestro centro estratégico, el poder militar más contundente del momento se orientó contra el secretariado de las Farc en los departamentos de Caquetá, Meta, Guaviare y Vichada, en un teatro de operaciones con una extensión aproximada de 75.000 kilómetros cuadrados. Esta fase del plan se denominó ‘Operación JM’ y la misión se le asignó a la unidad militar creada para tal fin: la Fuerza de Tarea Conjunta del Sur .
El plan de guerra PATRIOTA permaneció en ejecución durante aproximadamente 5 años, hasta mediados de 2007, con resultados operacionales muy importantes en el desarrollo de la guerra, inclinando la balanza del conflicto a favor de los intereses de los colombianos y dando inicio al declive militar de los terroristas. Indiscutiblemente fue la base fundamental del plan que continuó la ofensiva y que actualmente está en ejecución.
4.- Plan de guerra consolidación.
En desarrollo de las políticas y estrategias del gobierno nacional se consideró, llegado el momento de reorientar los esfuerzos en un nuevo plan, que hiciera mayor la participación de las diferentes organizaciones del Estado junto al esfuerzo militar. Además, en este tipo de guerra, la presencia del Estado en la solución de las necesidades sociales es imprescindible para eliminar los argumentos de la lucha de clases.
La nueva iniciativa consideraba que la experiencia de la fuerza militar, el desarrollo de la guerra y la fortaleza del Estado daban para estructurar el plan que buscara el fin del conflicto y la decisiva victoria militar. Entonces nació el “Plan Consolidación”.
El plan, que actualmente está en ejecución, ha mostrado su ímpetu ofensivo, el trabajo conjunto de las fuerzas, la participación del Estado en las zonas afectadas y especialmente los éxitos militares en el campo de combate, como nunca en la historia del conflicto, en una extraordinaria combinación de planeamiento, fuerza, voluntad, experiencia, iniciativa, moral, espíritu de combate, tecnología, inteligencia, movilidad y liderazgo.
Las Fuerzas Militares mediante un largo, costoso y difícil recorrido en el camino de la guerra están mostrando a pacifistas, políticos de izquierda y tal cual opinador de la guerra, quienes sustentan con un inocultable interés político que este tipo de conflicto no es posible ganarlo militarmente, que estamos llegando a la victoria militar en el campo de combate, que para los colombianos tiene el supremo significado de la paz.
En los más de tres años que el Plan Consolidación lleva en ejecución ha conseguido los más grandes éxitos militares en la historia del conflicto, los golpes más contundentes al grupo terrorista en sus estrategias, proyectos políticos, de finanzas y armados. La culminación de estas batallas exitosas fue la reciente Operación Sodoma, con los resultados ya conocidos. Un golpe del cual las Farc jamás podrán recuperarse..
Un resultado que exige la continuación con el ímpetu operacional que la doctrina militar contempla como la persecución y la explotación del éxito.
5.- Conclusiones
Largo ha sido el recorrido de este absurdo conflicto, que indiscutiblemente tuvo su origen político en las famosas guerrillas liberales y conservadoras que mutaron a las comunistas y posteriormente a los grupos terroristas de hoy en día, que sin objetivos políticos justifiquen en algo el irreparable daño que le han causado al país. Aquellos que los han patrocinado, respaldado y justificado tienen una deuda imborrable en las páginas de la historia patria y de su responsabilidad no los librará ni el paso de los años ni la frágil memoria de las nuevas generaciones.
Nuestro Ejército, durante estos casi 50 años de guerra, tiene toda la historia que se pueda escribir sobre su desarrollo, pero como parte de la necesaria autocritica pudiéramos concluir que durante un importante trecho de la misma nos adormecimos, acostumbramos y convivimos con el conflicto. El tiempo se encargó de hacernos creer que estábamos haciendo lo correcto, pero estuvimos muy equivocados. Les permitimos crecer física e ideológicamente y, en oportunidades, justo es decirlo, nos derrotaron en el campo de batalla.
Los colombianos llegaron a pensar seriamente en nuestra incapacidad. Creo firmemente que la historia se pronunciará si esta guerra podíamos y deberíamos haberla ganado antes. Era nuestra obligación. Pero en este juicio histórico sobre la guerra, nuestros líderes políticos tienen la mayor responsabilidad. Era su deber ganarla y finalizarla. En las democracias “el soldado cumple las políticas del gobernante”.
Alguien, en la historia de este conflicto nos dirá el costo material, en vidas es irreparable, los que la vieron nacer y la impulsaron como parte de sus luchas ideológicas, los que por sus intereses y ambiciones no pensaron en toda la destrucción que estaban promoviendo, los que por sectarismos foráneos, venganzas e intereses personales generaron enfrentamientos irreparables en pequeños pueblos y regiones, los que tomaron las armas por su cuenta para hacer justicia con la injusticia, en un conflicto interminable que se ensañó con nuestro pueblo y nuestro Ejército, que nos retrasó décadas de crecimiento, progreso y bienestar.
Entonces ¿quiénes son los responsables de esta enorme tragedia? Este juicio histórico sobre el costo de la guerra y sus responsables es una deuda que tenemos con la memoria de los colombianos.
La guerra que enfrenta el Ejército es solamente para nuestros soldados, la gran paradoja es que políticamente no estamos en guerra y esto tiene unas connotaciones extremadamente delicadas que afectan únicamente y decisivamente a nuestros combatientes. ¿Quién los defiende políticamente? La respuesta está en el alma y la mente de nuestros soldados. Y no dudo: abundantes son los desencantos y frustraciones.
En este largo recorrido las dificultades de la guerra han sido muchas. ¿Cuántas veces hemos estado con el éxito a la mano y se recibe la orden política de suspender la operación? ¿Cuántas veces hemos visto abrir las puertas de las cárceles para ver salir los bandidos libremente por conveniencia y decisión política? ¿Cuántos ceses al fuego y suspensión de operaciones? ¿Cuántos indultos y amnistías? ¿Cuántas entregas de territorios o zonas de distención? ¿Cuántos procesos de paz, negociaciones o conversaciones?
Todos estos cuestionamientos, de carácter político, son extremadamente difíciles para un soldado en medio de la guerra. Nuestro Ejército ha sido excesivamente generoso, respetuoso y profesional en la comprensión de las decisiones políticas y, no estoy cierto, si los políticos han pensado o se han interesado en las dificultades y manipulaciones ideológicas que nuestros soldados enfrentan.
Por todo esto, la ‘Operación Sodoma’ se constituye en el resultado más importante en todo el trascurso de la guerra y, aunque esta no ha terminado, si es la demostración de la capacidad, decisión, modernización y experiencia de nuestros hombres en un largo, costoso y difícil recorrido que, para fortuna de los colombianos, está llegando a su fin.
Son muchos los hombres y mujeres de nuestro Ejército que merecen el mayor reconocimiento de los colombianos por su sacrificio, entrega y profesionalismo en tantos años de guerra, a unos costos incalculables.
La Operación Sodoma es la muestra que la guerra militar se está ganando, así lo valida el sentimiento y expresión de nuestros compatriotas. Pero difícil es decirlo, la guerra política y jurídica, que con habilidad, constancia y manipulación realiza la izquierda aquí y allá, con la suma de las organizaciones que ideológicamente la secundan, simplemente, la estamos perdiendo.
General Jorge Enrique Mora Rangel

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