lunes, 12 de mayo de 2014

¿Colombia al estilo de la Venezuela actual?

¿Montealegre es  el Fiscal de quién?
                                                                                                                                                                
Por Eduardo Mackenzie
9 de mayo de 2014

Tres preguntas. ¿Desde cuándo las comunicaciones clandestinas de las Farc son un secreto de Estado?   ¿Desde cuándo las Farc son un Estado?  ¿Desde cuándo las Farc hacen parte del Estado colombiano?  Esos interrogantes emanan de las recientes declaraciones del Fiscal General a una radio colombiana en las que él trata de explicar porqué el domicilio y la oficina  del ingeniero informático Andrés Fernando Sepúlveda Ardila fueron brutalmente allanados por 30 agentes del  CTI, el 5 de mayo de 2014.

En declaraciones a Caracol Radio, 32 horas después de la detención de Sepúlveda y de la incautación de sus computadores y demás material informático, el Fiscal General acusó al ingeniero y especialista en marketing electoral de “interferir el proceso de paz”, por haber  “interceptado correos electrónicos” de varios jefes de las Farc, los unos en La Habana, como alias Iván Márquez,  y los otros, como los de alias Timochenko, jefe supremo de la banda narco terrorista, en no se sabe qué lugar. Por eso, dijo Montealegre, “se le va a imputar [a Sepúlveda]  el delito de espionaje” porque él “estaba obteniendo indebidamente secretos de Estado”.

En esa entrevista, el Fiscal repitió dos veces la frase: “él [Sepúlveda] va a ser imputado por el delito de espionaje”. En otras palabras, a la misma hora (si no fue antes) que un juez de la República realizaba la audiencia para legalizar la captura de Sepúlveda, y antes de que ese u otro  juez  hubiera podido valorar las “pruebas” que el CTI dice haber encontrado en  los dos lugares allanados --convertidos por la magia de las palabras de Eduardo Montealegre en “salas de interceptaciones”--,  el Fiscal Montealegre ya había condenado al detenido.  Ese abuso de procedimiento cometido por el Fiscal General va a tener necesariamente un fuerte impacto dentro del proceso que sigue. En un Estado de derecho ese tipo de arbitrariedad desemboca en la anulación del proceso.

Al hablar a Caracol, Montealegre no empleó siquiera la expresión “presuntas intercepciones” o “presuntos delitos”. El presentó al ingeniero como un delincuente acabado que, además, había cometido otro gran crimen: el de tener un “sesgo ideológico” contra el “proceso de paz”. 

El ingeniero fue satanizado ante los medios sin que pudiera defenderse. Fue recluido en el “bunker” de la Fiscalía y presentado ante la juez 49 de garantías pero “a puerta cerrada”, para que no pudiera hablar a la prensa,  pues se trata, según Montealegre,  de un individuo de la más alta peligrosidad pues es un “espía” que conoce “secretos de Estado” que pueden poner  en peligro “la vida de muchas personas que están metidas (sic) en este proceso de negociación en La Habana”. Sin embargo, hasta la víspera, Andrés Sepúlveda era un hombre respetado y respetable. El experto en desarrollo web y seguridad informática había trabajado con la presidencia de la República de Colombia, bajo Santos, y en las campañas del ex presidente Álvaro Uribe (2006) y en la de Juan Manuel Santos (2010) y hasta en la de un candidato que ganó la presidencia de México,  Enrique Peña Nieto. También ha trabajado en Venezuela y Honduras.  Al momento de set detenido, Sepúlveda trabajaba  con la campaña de Oscar Iván Zuluaga, candidato del partido de oposición Centro Democrático.

La ley obliga al Fiscal General a ser el primero en respetar la presunción de inocencia de los ciudadanos. No obstante, Montealegre pateó ese principio de derecho. Abrumó a un acusado, lo declaró “espía”, sin tener ni exhibir prueba alguna de eso, y no lo envió a un centro de reclusión. Había que mostrarlo como un monstruo para que el escándalo cuajara y golpeara, con la ayuda de cierta prensa, a Oscar Iván Zuluaga, y ahogara, de paso, el escándalo destapado horas antes por las revelaciones de que el principal asesor de la actual campaña del presidente-candidato Juan Manuel Santos había estado en andanzas secretas con  traficantes de drogas y paramilitares y hasta recibido de ellos la suma de 12 millones de dólares para que ambientara  unas negociaciones con el actual gobierno (que nunca comenzaron).

Ante lo de JJ Rendón, Montealegre reaccionó con parsimonia. JJ Rendón no fue detenido y todo el asunto depende ahora, según explicó Montealegre, de que un jefe de los Combas, encarcelado en Estados Unidos, “confirme o no” las acusaciones. No se sabe cuando ese preso podrá ser interrogado. ¡Qué contraste con la actuación precipitada y con la satanización de Sepúlveda! 

Montealegre inventó el cuento (hasta el momento no hay ninguna prueba que permita creerle) que Sepúlveda estaba robando “secretos de Estado” de las Farc. La detención del ingeniero obedece a que interceptó correos electroncitos de jefes de las Farc, no del presidente Santos. Pues ante esto último Montealegre confirmó que no sabe nada, que son meras “hipótesis de trabajo” y “posibilidades”. Es decir, no hay ningún hecho que confirme que Sepúlveda interceptó mensajes de JM Santos. 

Conclusión: lo que desató el furioso allanamiento y la destrucción de la oficina  del ingeniero informático fue el hecho de que él trataba de saber qué están planeando las Farc desde sus guaridas y desde La Habana.

Luego surge la pregunta: ¿Por qué Montealegre considera los correos electrónicos de los jefes de las Farc como “secreto de Estado”?  ¿Por qué el Estado colombiano, a través del Fiscal General, trata de proteger las informaciones de una banda narco terrorista que está en guerra contra el Estado y contra la sociedad colombiana? ¿Por estar en diálogos de paz? Pero esos “diálogos”  no han hecho sino aumentar la ferocidad de las Farc.

El fiscal pide “sigilo” con lo que se complota en La Habana contra todos los colombianos. Lo que están tramando allá los terroristas debe ser algo muy grave pues el Fiscal dice que “de llegar a ser públicos pueden llevar al traste las negociaciones”. ¿Llevar al traste las negociaciones? Si lo que están pactando es tan bueno para la democracia, para las libertades y para la prosperidad de Colombia  ¿por qué saberlo tendría tan terribles efectos?

No, quien debe explicar muchas cosas sobre este obscuro episodio es el Fiscal General Montealegre.

El funcionario dejó ver que actúa con criterio político, que es capaz de favorecer a una campaña presidencial, la de Santos, obrando con toda prudencia ante el escándalo de JJ Rendón, y obrando con precipitud y violencia en el caso de Sepúlveda.

Cuando se dió cuenta de que jamás podría probar que la campaña de Oscar Iván Zuluaga había “comprado” informaciones “ilegales” sobre el proceso de paz, Montealegre echó máquina atrás y afirmó, en tono de perdonavidas: “Aún no hay evidencias entre actividades ilegales y la campaña de Zuluaga”. Ese “aún” quiere decir que él tratará de mostrar algo al respecto. Esa es la pretendida “neutralidad” de Montealegre ante el candidato uribista.

El Fiscal General dice que Sepúlveda fue capturado pues fue encontrado en “estado de flagrancia”. Eso también es improbable. Sólo hasta dentro de dos semanas los técnicos de la Fiscalía  podrán saber si el acusado había obtenido información ilícita, pues sus archivos informáticos estaban “encriptados”, según Montealegre.  Luego ni el Fiscal General, ni los agentes del CTI, pudieron ver si lo que estaba haciendo el detenido en su oficina, al momento del allanamiento, era ilegal. El ingeniero estaba trabajando en su computador. Eso no es un delito. Su detención y encarcelamiento fueron actos arbitrarios. Esa detención y lo que ha seguido, muestra un odio profundo, no un interés en averiguar la verdad.

El Fiscal tampoco ha probado que Sepúlveda desarrollaba  “actividades ilícitas”. No ha probado que el tuvo acceso  a “correos electrónicos” sobre lo que se dice en la mesa de La Habana. El Fiscal no ha probado que Sepúlveda controla un “mercado negro de información”. Dijo: “nosotros ya tenemos establecido” (¿quién es ese “nosotros”?) que Sepúlveda ha vendido información “por varios cientos de millones de pesos”. ¿Pero donde están las pruebas de eso? El Fiscal lo supone. Eso es todo. No tiene certeza de nada. Lo supone porque la oficina de Sepúlveda estaba bien ubicada y bien equipada. Una deducción no es un hecho.    

La prensa sin haber visto una sola prueba de nada, se sintonizó con Montealegre de la manera más dócil y abyecta. Montealegre habla y lanza acusaciones sin más y todos tragan entero.  Así es como una democracia puede derrumbarse. Montealegre no ha siquiera intentado probar nada. Le basta con lanzar unas frases a unos periodistas complacientes dispuestos a quedar bien con él y a no exigirle detalles de nada. Esos periodistas llegaron, incluso, a preguntarle por qué no había ido más lejos, por qué no había detenido a otras personas, como la esposa del ingeniero, y por qué no agrava las penas y crea otro tipo penal para reprimir el derecho de expresión y obstruir, como en las dictaduras comunistas, o como en el Irán fundamentalista, la libertad y el acto de poder investigar y reunir información mediante internet. Tales actos son sancionados en esos países con la cárcel o la muerte. Colombia ya empezó a imitarlos en eso.

Un ciudadano ha sido privado de la libertad y transformado en enemigo público número uno por tratar de saber qué están planeando las Farc contra Colombia. Ese ciudadano ha sido abrumado con acusaciones infamantes, sin que se haya podido defender ante los medios. Es la tortura moral. Como van las cosas el abogado que lo defiende será acusado de algo, para que abandone a su defendido. Como en Venezuela. ¿A dónde va Colombia?

Imputarle el delito de “espionaje” a alguien que trata, si es cierto, de saber qué preparan las Farc contra Colombia en La Habana, es obrar como un agente extranjero, como un policía de Cuba, no de Colombia.

Ante el secretismo y los embustes sórdidos y sofisticados que entre las Farc y el gobierno preparan para desorientar a la opinión sobre las capitulaciones de La Habana, es un derecho y un deber de todo ciudadano libre tratar de saber qué está pasando en esa mesa. Si bien es cierto que es un delito interceptar correos electrónicos de las personas, de los funcionarios y hasta del presidente Santos, lo mismo no se puede predicar de los correos de un movimiento terrorista que comete atrocidades todos los días contra los colombianos. Allí no hay “secreto de Estado” que valga. Desde La Habana las Farc han ordenado cometer atentados en Colombia. ¿Por qué la información de esos criminales debe ser protegida? No es Montealegre uno de los que dicen que las acciones del hacker Julian Assange eran legitimas? ¿Si es legítimo hackear  los correos del Ejército y de la diplomacia norteamericana, por qué es ilegitimo hackear los correos de las Farc? Y qué dice Montealegre de la actividad de Edward Snowden, quien reveló documentos secretos del gobierno norteamericano? Si el Fiscal pretende que la información de las Farc es un secreto de Estado es porque ya integró en el Estado al estado mayor de las Farc. Si ello es así que nos explique cuando y cómo se dió esa escalofriante operación.

Montealegre es coherente consigo mismo (pero no con Colombia) pues él ha dicho que los crímenes de guerra cometidos por los jefes y miembros de las Farc deben ser indultados o amnistiados para que se pueda firmar la paz.  Por eso, debemos suponerlo, los correos electrónicos de las Farc deben ser protegidos y quien los interfiera debe ir a la cárcel, como le ocurre a Andrés Sepúlveda. Quien dice eso no es alias Timochenko, sino el propio Fiscal General de la Nación. En esos abismos estamos ahora en Colombia.

El alto funcionario judicial dijo con cinismo glacial que Sepúlveda se auto acusó de controlar un “mercado negro” de la información: que él supo eso “a partir de las conversaciones con Andrés Fernando Sepúlveda”. Tal acusación fue rechazada por el abogado de Sepúlveda. Bernardo Alzate aseguró, además, que su defendido no tiene previsto aceptar los cargos que le imputa la Fiscalía.

El Fiscal se queja de que Sepúlveda también trató de interceptar correos electrónicos de una persona “defensora de derechos humanos, la ex senadora Piedad Córdoba”. Esa persona, hay que recordarlo, fue destituida por la Procuraduría por sus vínculos con las Farc. ¿Cómo puede el Fiscal General llamar a esa persona “defensora de derechos humanos”?  Montealegre agregó que  Sepúlveda “tenía gran parte de la base de datos de los desmovilizados de la guerrilla”. ¿Dónde está la prueba de eso? 

Montealegre estima que se trata de “correos que donde se hubieran sido expuestos en su momento hubieran puesto en riesgo este proceso de paz, que es una misión constitucional”, pues  la paz, según él “es un derecho y un deber que trae (sic) la Constitución colombiana y un deber que le impone a todas las instituciones”.

Yo no conozco a Andrés Sepúlveda, ni he visto sus trabajos ni sus “trinos” (twitters), que tanto le molestan a Santos y a Montealegre. No sé si el ingeniero es un “hacker” o si ha interceptado correos de alguien. Lo que digo es que Eduardo Montealegre debe probar públicamente lo que dice.

Montealegre utilizó en su charla con Caracol las fórmulas que todo buen periodista detesta: “tal parece”, “fuente confiable”. Con ese “tal parece” el fiscal lanzó a la cara de todos los ciudadanos el cuento de que el “hacker” recibió “100 millones de pesos por datos”.  ¿Donde están las pruebas de eso?  Un Fiscal no puede acusar a nadie de esa manera. El Fiscal debe tener pruebas, antes de hablar. No conseguirlas después de haber hablado. Pretender que le creamos lo que dice por el solo hecho de que él lo dice, es mucho pedir.

Lo que hay hasta ahora es la detención de un ciudadano  que utilizaba el ciberespacio y el Twitter para  expresar su repudio  a la política de Santos. ¿Eso es un delito? Sólo en una dictadura puede serlo. Hace unos días, otros aprendices de brujo la emprendieron contra la representante electa uribista María Fernanda Cabal por haber escrito un Twitter. Eso prueba que estamos ante una ofensiva feroz del gobierno y del santismo contra la libertad de expresión.

Detienen a un twitero y le acomodan una serie de cargos. ¿Y cuál es su pecado? Tener un “sesgo ideológico contra el proceso de paz”.  La próxima fase de la ofensiva del Fiscal tendrá que ser la detención masiva de los millones de colombianos que tienen ese mismo “sesgo”.

Lo que acaba de ocurrir muestra una cosa: que en Colombia estamos ante una justicia stalinista, que arrojó al erial el Derechos y las garantías del Derecho “burgués” para poder comenzar una caza de brujas de “enemigos del pueblo”: quien tenga un “sesgo ideológico” contra el mandatario de turno, o contra las Farc o contra el llamado “proceso de paz”, puede ser enviado a la cárcel y verse transformado, de la noche a la mañana, de “insecto dañino”, como llamaba Lenin a sus enemigos en 1918. Eso es posible, como acabamos de verlo, pues hay una prensa cortesana e irresponsable que ni quiere ni puede exigirles a los funcionarios de la dictadura en formación que justifiquen lo que dicen y que respeten las exigencias y la ética del periodismo.
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jueves, 1 de mayo de 2014

Ahora les toca a los Generales

LES TOCA A LOS GENERALES
POR: RAFAEL GUARÍN
                              

El candidato Santos ha salido a difamar a las Fuerzas Militares y a la oposición. Según él, se están manipulando sectores de la fuerza pública con mentiras relacionadas con el proceso de La Habana. La verdad es que quien genera incertidumbre en las tropas y afecta su moral es el propio presidente.

El Gobierno ha querido comprar a las FF. MM. con promesas de impunidad, como si nuestros militares la reclamaran, cuando en realidad exigen es justicia y más justicia. 
El honor de los soldados se mancilla cuando se les equipara con los grupos dedicados al narcotráfico, al terrorismo y a crímenes atroces. Se les humilla cuando se les promete el mismo tratamiento jurídico que a los asesinos de las FARC y del ELN.
El 3 de septiembre del 2013 Santos advirtió: “Tengan en cuenta que los beneficios jurídicos que se vayan a otorgar a la contraparte en la negociación para lograr esa paz serán aplicables a los miembros de nuestras fuerzas”.
Detrás de tal “generosidad” hay una tremenda trampa en la que caerá la inmensa mayoría de generales y coroneles que han actuado con rectitud: el marco jurídico para la paz establece que la persecución penal se concentrará en los máximos responsables de crímenes de guerra, lesa humanidad y genocidio. Eso respecto a las Fuerzas Militares se traducirá en graves riesgos que conspiran contra su cohesión y su supervivencia.
Seamos claros. Miembros de la fuerza pública actuaron como criminales, no como militares, y perpetraron homicidios conocidos con el calificativo de “falsos positivos”; también, individualmente y no en desarrollo de una política de Estado, mantuvieron vínculos con grupos de autodefensa ilegales y les facilitaron las masacres. ¡Por las víctimas y el honor militar esas atrocidades no deben quedar en la impunidad!
Con el esquema que se propone, basado en que el peso de la ley recae en los máximos responsables y que los menos responsables de tales delitos no serían objeto de investigación penal, sino de mecanismos extrajudiciales que excluyen la pena de prisión, sobrevendrá una explosión del Ejército.
Esto es más delicado si se tiene en cuenta que ocurrirá en un escenario en el cual es posible que estructuras de las FARC se conserven aún en armas, sea porque se trate de auténticas disidencias, sea en ejecución de la decisión estratégica del grupo de mantener ciertos aparatos armados a título de seguro en caso de un incumplimiento de lo acordado, o simplemente en orden a continuar la combinación de todas las formas de lucha para la consecución del poder. 
Quienes deseen beneficiarse de que no se les persiga penalmente querrán aparecer en la categoría de menos responsables, lo que implica que otros en la línea de mando deberán tener la categoría de máximos responsables y la pena de cárcel.
Los dedos apuntaran masivamente hacia arriba. Sólo es ver la composición de quienes están en las cárceles o están siendo investigados por violaciones a los derechos humanos y el número de involucrados y de supuestas víctimas de homicidio en persona protegida u homicidio agravado.
La mayoría de soldados, suboficiales y oficiales de bajo rango que quieran ser excarcelados o evitar ser condenados penalmente serán tentados con el fin de que señalen cómo “máximo responsable” a cualquiera. Con fundamento o sin él, con razón o sin ella, lo importante es evadir la cárcel. Testigos falsos pulularán.
Lo que calla el Gobierno es que la excarcelación masiva de miembros de las FF. MM. no es gratuita. Algunos tendrán que pagar por los delitos de todos los que los cometieron. Así como se espera que la cúpula fariana pague, muchos esperan que eso ocurra con los comandantes de la fuerza pública. ¿O, en verdad, generales, creen que porque se firme la paz y se le de impunidad a las FARC ustedes no seguirán siendo objetivo principal de la guerra jurídica? ¿O que si no hay penas efectivas la Corte Penal Internacional no actuará contra quienes han conformado la cúpula? ¿O que en el caso de los militares el sistema interamericano no tumbaría la “autoamnistía” que ofrece Santos? Al final, ¡les tocó a los generales!
Y les tocó no porque sean culpables, ¡que eso quede claro! ¡Muy claro! Les tocó porque el modelo de justicia transicional de Santos y del fiscal Montealegre busca condenar a quienes tuvieron la responsabilidad de conducir las tropas y crea los incentivos para que aun sin nada que ver con los errores o con los delitos conscientemente ejecutados por los subalternos,terminen potencialmente asumiéndolos. La injusticia contra altos oficiales asoma las orejas.
Lo único que falta es que los generales y coroneles terminen en las cárceles, así sea con penas reducidas, mientras los “máximos responsables” de las FARC recluidos, en el mejor de los casos, en extensas zonas de reserva campesina, protegidos por estructuras de su organización “institucionalizadas” o cumpliendo penas simbólicas en las noches, mientras de día se dedican a la política y a legislar.
Los militares, repito, piden justicia, no impunidad. Exigen que se respete el fuero militar, que tengan garantías de defensa técnica, recuperar la credibilidad de la justicia penal militar y que cada baja dada en combate legítimo no se convierta en una acusación de fiscales, muchas veces bajo el efecto de un fuerte sesgo ideológico y llenos de prejuicios. No es mucho que pedir cuando se ha ofrecido la vida por Colombia.

Presidente Santos, ¿quién es el que desmoraliza las tropas?
Twitter: @RafaGuarin

lunes, 21 de abril de 2014

A propósito del proceso de negociación en La Haban

Nota de la R.  Aunque tiene más de cuatro meses este documento, sigue siendo vigente y por eso vuelve a circular en las redes. 

Me declaro enemigo de la paz.

*Por: Mario Javier Pacheco García,   Publicado 2:13 p.m, noviembre 12, 2013

Señor Presidente Juan Manuel Santos:

Es más perverso el victimario cuando mayor es la candidez de la víctima, y Colombia está de regocijo con sus arengas pronunciadas el 11 de noviembre desde Santa Marta, cuando tildó de enemigos de la paz a quienes no respaldamos sus acuerdos en Cuba con las FARC

Con Tirofijo se abrazaron ilusionados López Michelsen, Belisario Betancur, César Gaviria, Andrés Pastrana y otros funcionarios, que supieron desilusionarse a tiempo, por la desproporción pedante de las FARC, que nos ofrecía como gracia muy especial la paz, solo si le entregábamos impunidad para sus delitos, grados en el ejército, participación política, dominio en territorios determinados y patente de corso para seguir financiándose con el narcotráfico y el secuestro; entre tanto, en medio de cada tregua y cada diálogo, Tirofijo, de reconocida astucia, fortaleció la capacidad militar de los frentes guerrilleros.

Usted, señor presidente, está obsesionado con el axioma: Acuerdo de paz, igual reelección, y estableció en La Habana una mesa, no de diálogo, sino de cogobierno, para que las FARC nos dejen de matonear, ofreciéndoles entre otras dádivas la posibilidad de ser honorables senadores y honorables representantes, a los honorables Timochenko, Santrich, Iván Márquez y sus camaradas, por circunscripción especial, esto es, sin necesidad de competir con los demás políticos. Tendrán curul propia en el congreso per se, y lo más importante, sin abandonar sus negocios de narcotráfico y secuestro, porque estos temas los dejaron al margen desde el principio, al afirmar que: "-No somos narcotraficantes, ni tenemos secuestrados". Los colombianos no somos ingenuos, señor presidente.

Usted nos extorsiona queriendo obligarnos a aceptar las pretensiones guerrilleras, so pena de sumergirnos otro medio siglo en la violencia.

Usted nos chantajea, endilgándonos la responsabilidad de la continuidad de la guerra. Usted nos pone en la situación del ciudadano inerme, cuando el atracador ordena: - O la bolsa o la vida.

Usted quiere que entreguemos el futuro de Colombia a delincuentes, a cambio de poder seguir tranquilos el camino. Ante sus arengas de Santa Marta, no tengo más remedio que declararme enemigo de la paz fariano/santista, con el siguiente decálogo argumental:

1.- La paz la queremos, como todos los colombianos, pero no la paz que impone el vencedor al vencido, ¿Cuándo perdimos la guerra? No queremos la paz del matoneo, no la paz del niño que entrega su lonchera al brabucón, para que no le pegue. No queremos una paz de derrotados, que esclavice nuestra libertad y nos sujete a los dueños de la violencia.

2.- No queremos paz con impunidad y premios para las FARC, por elemental respeto y solidaridad con madres, padres, hijos, compañeros, esposas y esposos de víctimas de masacres, desapariciones, asesinatos y torturas de policías, soldados, campesinos, niños, niñas, voladuras de oleoductos, de puentes, de torres de energía, de collares bomba, de niños bomba, de ciclas bomba, de secuestros, extorsiones, de violaciones, sino una paz con justicia.

3.- No queremos una paz engañosa con quien nos engaña cada vez que le tendemos la mano para conciliar, ni mucho menos con quien negocia asesinando, porque mientras su cúpula oligarca dialoga a paso de morrocoy y descansa en yate, bajo el sol del Caribe, fumando habano y tomando buen ron, sus milicianos asesinaron el 18 de marzo dos policías, el 31 de mayo asesinaron seis militares, el 25 de agosto asesinaron 3 soldados en la frontera con Venezuela, el 21 de julio asesinaron 17 militares en Arauca, y el 21 de septiembre ordenaron asesinar a sus desmovilizados, entre ellos a alias Karina.

4.- No queremos la paz en medio de unas condiciones que usted defiende de manera simplista: "¿A quién se le puede ocurrir que las FARC entreguen las armas y se sometan antes del referendo y que después lo pierdan?" Su "Nada está acordado hasta que todo esté acordado" y su paz sin tranquilidad, ni seguridad, son un sofisma y un contrasentido, ese no es nuestro sinónimo de paz.

5.- No queremos esta paz, principalmente porque no creemos que el Comité negociador tenga la autoridad necesaria para impartir una orden de desmovilización y cese al fuego, que sea de verdad cumplida por todos los frentes.

6.- No queremos esta paz de mentiras, en la que solo se beneficia la cúpula oligarca de las FARC, y en la que la mayoría de sus milicianos seguirán sembrando de terror la provincia colombiana, y estaremos igual que siempre, perdón, peor, porque las FARC tendrán más poder después de este proceso, gracias a nuestra ingenuidad y estupidez, en aras de su reelección.

7.- No creemos posible esta paz, porque no creemos que los combatientes de las FARC, dejen las filas del monte para pasar a las filas de los desempleados, con una hoja de vida sin posibilidades, cuyo único perfil y experiencia es delinquir. No escamparán la pobreza almacenando frutas en lugar de secuestrados, ni contrabandeando juguetes en lugar de armas, ni sembrando arroz en lugar de minas. No podemos creer en la paz fariano/santista porque los milicianos solo saben sobrevivir robando y matando; su resocialización no es posible, especialmente porque el estado no tiene infraestructura laboral para emplear los desmovilizados, ni para que convivan en comunidad, ni para que respeten unos derechos humanos que desconocen y que han violentado durante toda su vida.

8.- No queremos una paz de papel, ficticia, ilusa, canjeada por curules en el congreso, carros blindados, auxilios económicos, zonas de reserva campesina sin autoridad del estado, virajes constitucionales hacia el desprestigiado socialismo económico y político, que propicie hegemonías de izquierda, peores que las de derecha, por fanáticas, por recalcitrantes, por suprimir derechos humanos y libertades individuales y por empobrecer países. Esta paz ficticia es muy costosa para Colombia.

9.- No queremos impunidad sin justicia, aunque nuestra justicia esté corrompida, y aunque usted, que sabe de tratos con magistrados, ya nos adelantó una frase magistral: "la justicia no puede ser un obstáculo para la paz" Usted supo poner la justicia de su parte; ya le metieron a la cárcel a su más fuerte contendor, Luis Alfredo Ramos, y no por nada nombró como Ministro de Justicia a Alfonso Gómez Méndez, de quien dicen algunos desmovilizados, es ficha de las FARC en el campo judicial.

10.- No queremos un movimiento que como brazo político de las FARC, consiga votos en nuestros pueblos a punta de ametralladora; las tales circunscripciones especiales, serán precisamente en los sitios que los violentos dominan ilegalmente y que ahora dominarán institucionalmente, bajo el amparo de las leyes.

Al contrario de lo que usted piensa sobre su axioma, su popularidad solo subió en las encuestas del Centro Nacional de Consultoría, publicadas en los medios de comunicación que usted subvenciona, RCN y Caracol, y en el de sus amigos, El Tiempo, El Espectador y Semana, pero no en otras encuestas.

Ya Darío Arizmendi se jactó de que el pool de medios gobiernistas influía sobre el 70% de la población, mientras los medios independientes y regionales tan solo cubrían el 30%, de manera que quien lea y escuche cualquiera de los grandes medios noticiosos, y no percibe su parcialización, su venalidad, sus intereses, creerá en el paraíso de la paz fariano/santista y se sentirá culpable de no respaldarla.

No hay que comer entero, señor presidente, entiendo su impaciencia para firmar el acuerdo, que a pesar del país firmará. Me alegra haber escuchado sus arengas de Santa Marta, porque comprendí qué soy uno de los millones de colombianos que usted llama enemigos de la paz.

*Historiador, periodista, incorporando DD.HH e historia local a la educación formal en IE colombianas. http://www.funeducar.net
Ocaña, N de S, Colombia: @mariojpachecog


domingo, 6 de abril de 2014

Cómo debe ser una Comisión de la Verdad





Comisión de la Verdad


MG ® Ricardo Rubianogroot Román
Maestría en Seguridad y Defensa


Al término de la ronda 22 de negociaciones de la Isla, en un comunicado realizado por el Doctor de la Calle, se mencionó que el Gobierno acepta la propuesta de las FARC de crear una Comisión de la verdad, vale la pena mencionar que en la Agenda está considerado ese punto en el punto quinto Víctimas, numeral dos,  lo que indica que no fue una propuesta de las FARC, el tema se había acordado entre las partes en la fase exploratoria y quedo considerado en el “Acuerdo General para la terminación del Conflicto” que son los puntos que actualmente se conversan en la isla.

Analicemos un poco que es una Comisión de la Verdad cuales son sus objetivos y cuales sus alcances.
                 
Dice la teoría, algunos estudiosos y entes como Amnistia Internacional, los organismos denominados Comisión de verdad y reconciliación, o el de Justicia, verdad y Dignidad, que el principal objetivo de esa Comisión es el de establecer mecanismos Nacionales efectivos que permitan la documentación de la verdad sobre los crímenes perpetrados. Los mismos manifiestan que todas las víctimas de diferentes actos como el genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra, tortura, ejecución extrajudicial y desaparición forzada, tienen derecho a la verdad.

Que esas víctimas directas tienen el derecho de conocer toda la verdad sobre los crímenes que han sido objeto,  las razones que los motivaron y que se reconozca públicamente su sufrimiento, agregan además que la verdad es necesaria para desmentir toda acusación falsa que haya podido formularse contra ellas durante la comisión del delito y que los familiares, especialmente de víctimas de homicidio o de personas desaparecidas, averigüen qué les ocurrió a sus seres queridos y conozcan su paradero.

Se establece que la sociedad afectada debe conocer las circunstancias y las razones que llevaron a que se perpetraran las violaciones, de modo que ello garantice que no se repetirán, y para que se reconozca y preserve la experiencia colectiva de los crímenes sufridos.

Bajo esos enunciados, se contribuye con la administración de justicia, para esclarecer los crímenes y violaciones a los derechos humanos cometidos tanto por las organizaciones terroristas como por los agentes del Estado.
Lo planteado nos indica el por qué en más de 30 países se han creado comisiones de la verdad, que se catalogan como: “organismos de investigación oficiales, temporales, no judiciales, encargados de indagar sobre una constante de abusos contra los derechos humanos, incluidos los crímenes contra el derecho internacional, y de determinar la verdad.”  Es bueno aclarar y que se entienda, que esta Comisión no sustituye al Poder Judicial ni al Ministerio Público, pues no cuenta con funciones jurisdiccionales,  el trabajo de la Comisión concluye con un informe en el que se recogen los resultados de la investigación y se formulan recomendaciones.

Queda claro entonces, la importancia de esta “Comisión de la Verdad”, pero lo que debe quedar más claro aún es quienes integraran esa Comisión y cuál será el mecanismo de funcionamiento.
Los integrantes de esta Comisión debe ser conformada en forma heterogénea, donde la diversidad de sus integrantes garantice el resultado de la pesquisas, debe ser un organismo que trabaje “en forma cerrada” no puede ser público ni con acceso a medios,  nadie diferente a los miembros de esa Comisión debe conocer de antemano lo que allí se trate, deben hacerse acuerdos estrictos de confidencialidad,  quienes trabajen y tengan esa responsabilidad, deben corroborar las versiones de quienes las entregan con antecedentes y hechos que les permita ratificar las mismas y concluidas las averiguaciones le informe al Gobierno Nacional los resultados y es el quien define si se hacen públicas o no.

Por qué se hace esa reflexión y advertencia? Por lo misma razón que el Gobierno no ha permitido que las negociaciones de la Habana se conviertan en espacios de micrófonos que permita toda clase de tergiversaciones, argucias y conclusiones individuales muy posiblemente erradas, convirtiendo a la Comisión en una “Tragicomedia” y que los medios noticiosos hagan toda un espectáculo y la Comisión tome el camino de una telenovela.

Si el Gobierno dispone que se incursione en esta actividad, se Insiste que la conformación de dicha Comisión es vital, sus integrantes deben tener diferentes tendencias ideológicas, personas maduras serias, sin ningún tipo de sesgo, equilibradas, no se quiere que su resultado emule lo que fue el informe del Centro de Memoria Histórica, sus integrantes deben tener el apoyo y cooperación sin límite de todos los entes investigadores del Estado.

Los asignados se van a enfrentar a la recepción de versiones de la historia reciente del País relativas a la guerra interna que vivimos, en las que encontraran en algunos casos una frialdad e insensibilidad de personas con patologías y equilibrios mentales fuera de lo común, los ejemplos son muchos de unos escenarios dantescos en que se han cometido atropellos, abusos y excesos, cada versión insisto, debe ser completamente probada y demostrada.

Por ello es que el trabajo de esa Comisión debe ser de absoluta reserva y con integrantes de especiales condiciones. Es una empresa de mucha responsabilidad y sensibilidad, mal manejada puede ser un escenario de discordia y lejos de unir puede ampliar las brechas y discrepancias, lo que no conviene para esa paz y estabilidad que se pretende.





domingo, 30 de marzo de 2014

El cinismo de los terroristas de las Farc

CÍNICOS

Por RAFAEL NIETO LOAIZA | Publicado el 30 de marzo de 2014
Fuente: www.elcolombiano.com

En un país donde los cínicos abundan, los campeones son las Farc. Pero no solo porque mienten descaradamente. Recuerdo rápido tres mentiras monumentales y recientes: negaron el intento de asesinato de Fernando Londoño, su responsabilidad en la masacre de los diputados del Valle del Cauca y la tenebrosa bomba en el club El Nogal. En todos los casos se probó, fuera de toda duda, su responsabilidad.
Ocurre que el cinismo es consustancial a la doctrina política de la guerrilla. El marxismo leninismo del que se alimenta está construido sobre las premisas de que el fin justifica los medios y de que no solo es lícito sino que es indispensable combinar todas las formas de lucha para alcanzar el poder. Con semejantes pilares éticos, mentir sin sonrojarse no es solo posible sino un deber. Para quien asesina a placer el embuste es una nimiedad.
Pero la cosa no acaba con ser mendaz. La trampa, el engaño y la calumnia son el desarrollo normal del cínico. Es de antología la respuesta de las Farc ante la tortura y asesinato de dos policías a los que secuestraron desarmados y de civil.
 Primero, impúdicos, dicen “lamentar la trágica muerte” de los dos policías y, caraduras, se atreven a “hacer llegar su voz de aliento a sus familiares y compañeros”. Después, procaces, justifican el asesinato diciendo que los guerrilleros secuestradores estaban “acosados por helicópteros artillados y múltiples patrullas [y] se vieron obligados a proceder contra ellos”. Y para justificar matarlos a palos y degollarlos, agregan con desvergüenza absoluta que debieron “cuidarse de no emplear armas de fuego por razones de seguridad”. La verdad es que, según el director de Medicina Legal, las necropsias muestran “múltiples lesiones en diferentes partes del cuerpo, con diferente intensidad, lo que les produjo intenso dolor. No hay duda de que presentaron signos de tortura”.
Ver a los criminales “lamentando” sus asesinatos y dando voz de aliento a quienes sufren por los mismos produce indignación profunda. Que excusen el homicidio cuando podían liberarlos, como obliga el derecho internacional humanitario, rabia. La defensa de la tortura “por razones de seguridad”, ira profunda.
 Pero si no fuera el colmo, las Farc se vienen contra quienes han criticado su conducta y terminan, en el súmmum de las falacias, haciéndolos responsables de la violencia que ellos cometen. Dicen los angelitos que negocian en La Habana que “no faltan las voces enfermizas que ante estas situaciones lanzan las más rabiosas diatribas y llamamientos al odio y a la guerra. Estos son los responsables del desangre que padece nuestra nación desde hace décadas”. Para las Farc los culpables de la violencia no son ellas, que llevan 40 años dedicadas a matar, aterrorizar y secuestrar civiles, inocentes y personas inermes, sino quienes se atreven a criticarlas. Obscenidad descarada.
Y el remate vino más tarde cuando las Farc agregaron que no nos podemos quejar porque las reglas de juego son las de negociar en medio del conflicto y añaden, con apoyo de algunos académicos y políticos que se debaten entre la idiotez útil y la complicidad, que la solución sería un cese al fuego bilateral.
Lo que no dicen los serafines es que una cosa es el conflicto y otra muy distinta los crímenes de lesa humanidad y de guerra que cometen sin cesar. No hay conflicto que justifique la barbarie. Tampoco dicen que la trampa del cese al fuego bilateral es que convierte todo el país en una zona de distensión, caguaniza todo el territorio nacional, al hacer imposible la acción de la fuerza pública contra los bandidos.

El Presidente, mientras tanto, solo atina a decir que sueña con ver a los “representantes de las Farc sentados en el Congreso” y con “pasar navidades con un proceso de paz firmado”. Así que el diálogo seguirá. Ya Santos dijo que solo “haría explotar el proceso […] un atentado a una figura importante”. Nos queda claro y fuera de discusión que para él un uniformado torturado y asesinado fuera de combate no lo es.

viernes, 21 de marzo de 2014

Lo que están ganando las Farc en La Habana

¡El objetivo es el poder!

MG (r) Ricardo Rubianogroot Román.
Maestría en Seguridad y Defensa.

Examinando el “Plan Renacer” de las Farc, de autoría del otrora jefe de esa organización guerrillera alias Alfonso Cano, resulta evidente que esa estructura, desde hace mucho tiempo consideró que la lucha armada no era el camino para lograr su objetivo de la toma del poder.
Apoyados y estimulados también en algunos modelos de gobierno del vecindario, como los de Venezuela o Nicaragua, las Farc siguiendo su tradicional e inamovible meta de la toma del poder, y visualizando la oportunidad de lograrlo por la vía política, aceptaron iniciar, desde el mes de septiembre del 2010, acercamientos preliminares con el actual Gobierno y dar continuidad a ese propósito, que habían intentado con otros gobiernos en el pasado, los cuales concluyeron en una fase exploratoria y en la fijación de unas pautas (no muy ortodoxas) que son las que hoy día rigen los diálogos en la Habana.
Es importante ser conscientes que esos regímenes regionales a los que me referí, pretenden ser considerados democráticos, aduciendo que han llegado a gobernar esos países por votación popular, pero es ampliamente conocido también, que las elecciones recientes en esos países, han sido para nada convincentes y esos Gobiernos, en esencia  socialistas, han llegado al poder y van a permanecer en el, empleando toda clase de maniobras y tretas fraudulentas; lo más grave es que los ciudadanos de esos países permitieron que ello pasara, por ignorancia, por despreocupación, por indolencia o por cualquier otra razón, la realidad es que fueron permisivos.
Tremenda coyuntura la que hoy en día se da en el acontecer Nacional porque “los intereses se articulan, la oportunidad está dada”. Dentro de los planes de la subversión está conseguir el poder por la vía política, mientras, por el otro lado, el actual Gobierno está supuestamente interesado en terminar esa confrontación que tanto mal le hace al país, con los pactos y negociaciones que adelanta, lo que podría estar facilitando que se cumpla el objetivo de los primeros.
Haciendo  memoria de algunos de los 14 puntos que hacen parte del plan “Renacer revolucionario de las masas” PR, en que la organización guerrillera, menciona la importancia de la política para lograr su objetivo, en mi escrito y en lo ya acordado en La Habana (Proceso) se podrá apreciar como cada uno de estos puntos se están cumpliendo poco a poco con constancia, solidez y en forma metódica:
1.    Plan Renacer PR: “Realizar un fuerte trabajo de infiltración y control de los movimientos y las organizaciones sociales”.
Proceso de paz: En el punto No 2 ya acordado, hay aspectos que permitirán que esto suceda, como es el caso del estatuto de la oposición y las actividades relativas a los movimientos sociales,  aspectos que ya están aprobados.
Actualmente hay áreas en que las FARC cogobiernan, Catatumbo, Putumayo y Nariño, hasta el punto que existen incluso manuales de convivencia hechos por las FARC para el control de esas áreas.
Trabajo arduo e incansable que han adelantado en la “Formación de cuadros políticos” en varias áreas de la geografía nacional.

2.    PR: “Replantear el trabajo internacional que se vino a menos, luego de la muerte de Reyes y la evidencia encontrada en los computadores”.
Es ampliamente conocido que en el pasado, lograron que el contenido de los computadores no fuera tenido en cuenta como prueba, para las investigaciones de las personas allí mencionadas.
Proceso. Las conversaciones como tal, son una ventana para la resonancia mediática internacional que buscan.

3.    PR: “Fortalecer las relaciones con Venezuela a través de personajes como el ex ministro del Interior Rodríguez Chacín”.
Proceso: Venezuela es actualmente garante de las conversaciones.
4.    PR: “Montar todo un andamiaje que buscará resucitar a la organización frente a la opinión pública nacional e internacional”.
Proceso: El escenario del proceso de negociación como tal, ha logrado que ese objetivo se esté cumpliendo en forma efectiva.

5.    PR: “Fortalecimiento del Movimiento Bolivariano”
 Proceso: En el punto de fin del conflicto, del que se hablará más adelante en la mesa, se considerará lo relativo a la conformación del partido político de las FARC, que quedó aplazado del punto de participación en política ya discutido.
Proceso: Las áreas de circunscripción de paz y las curules transitorias ya acordadas, dan paso a ese propósito de las FARC expuesto en el plan, debido a la influencia que, se avizora, tendrá en esas áreas el partido o movimiento que se conformará, lo que brindará la oportunidad de expansión. La infiltración en los movimientos estudiantiles, es perfectamente visible y constatable hoy día.

6.    PR: “Lograr el apoyo de políticos y personalidades en la legalidad”.
Huelgan comentarios en ese sentido.

Por lo expuesto, es importante que los comisionados del gobierno y el congreso recientemente electo, orienten muy bien, los primeros, lo que se acuerde y los segundos legislen con mucho análisis y reflexión los proyectos de ley que surgirán producto de lo acordado.

Unos y otros deben estar atentos siempre, con suspicacia y ejemplar cuidado, revisando las concesiones que se hagan en asuntos de gobierno y territorio, meta actual del terrorismo en la mesa, como derivación del plan renacer; entendiéndose que al referirse a Gobierno en el nivel Nacional, se habla de curules en el Senado y Cámara y la cesión de algunos cargos de importancia en el gobierno; en lo regional son las posiciones en Gobernaciones, Alcaldías, Asambleas, Consejos en Departamentos y Concejos municipales y algunas posiciones destacadas a ese nivel; al reseñar territorio, se trata de lo que se les conceda en esa dirección, “Es por esto que las Farc plantean una reorganización territorial, que comience por el establecimiento de un ordenamiento territorial descentralizado, que reviva las Regiones y Provincias e incluya a los territorios campesinos como unidad administrativa regional al mismo nivel de los resguardos indígenas y los consejos comunitarios de las negritudes, pero bajo formas organizativas como las Zonas de Reserva Campesina y las Zonas de Producción Campesina” .

Es importante siempre recordar a las “repúblicas independientes” como evidencia real del ejercicio del control político, social, y armado en un espacio geográfico, que se intentaron crear en el pasado, algunas con resultados palpables.

Lo anterior nos da una clara comprensión del por qué la vehemencia de los terroristas en insistir que se les autoricen Zonas de Reserva Campesina, buscando ampliar las seis (6) ya existentes, que totalizan 766.000 hectáreas, donde habitan más de 71.000 habitantes, lo que sumado a las Zonas especiales de circunscripciones de Paz, que como ya mencione, ya se autorizaron en la mesa, a pesar que no se ha mencionado cuántas son ni su ubicación, (le corresponderá al Congreso arbitrar al respecto), lo cierto es que ya se abrió ese espacio en el punto No 2 de Participación en Política. 

Podemos agregar que  las concesiones que ya ha hecho el Gobierno en materia legislativa en el área del Catatumbo, como también el escenario de las zonas que están con control de la guerrilla, se destacan el Putumayo, Nariño y el Cauca, donde incluso, como ya se expuso, existen manuales de convivencia de autoría y plena ejecución de este grupo guerrillero.

Cuando se ceden espacios territoriales especiales, como los citados, se facilita irresponsable, irreflexiva y torpemente el cumplimiento del plan estratégico de las FARC.

Poco a poco las terroristas Farc, han logrado gobernabilidad y territorio, siguen persistiendo en su intento, trabajan para obtener cada día más e, inadvertidamente, los colombianos se acostumbran a aquella realidad.

Alerta negociadores del Gobierno!

Es completamente comprensible que hay que consentir en algunos temas, de lo contrario no tendría sentido la negociación; corresponde si, que sean persistentes y la condición de esos convenios, con énfasis debe plantear: “No es la sociedad la que se debe acomodar a lo que la guerrilla aspira, es la guerrilla la que se debe ajustar a las exigencias de la sociedad colombiana”.

Llamo a reflexión, ya que cuando se tiene Gobierno y territorio,  se tiene el control y se tiene el poder!