martes, 3 de mayo de 2011

La Opinión del día

La condena al General Jesús Armando Arias Cabrales es una
“ HIJUEPUTADA”

Coronel (RA) Gustavo Laino Moreno.

Cuando el Ejército Nacional rendía el homenaje  póstumo a un gran Soldado, al General  Luis Humberto Correa Castañeda en nuestra Escuela Militar de Cadetes, varios militares recibíamos la noticia de la condena a treinta y cinco años de prisión al integérrimo General Jesús Armando Arias Cabrales y al unísono se escuchó que esa decisión era una    "hijueputada".

Hijueputada es una palabra que no existe en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero en el léxico inelegante militar se conoce como: algo incorrecto o inaceptable.
Todo proceso penal no es más que una controversia, donde por una parte la Fiscalía acusa  previa investigación pues le compete la carga de la prueba, otra parte llamada la Defensa que se enfrenta a la acusación,  y finalmente está la función de juzgamiento que la hace un Juez, pero en todo el proceso el inculpado espera que haya total imparcialidad, tanto en la etapa inicial de la Fiscalía, como en el neutral  juzgamiento.

En el caso del intachable General Arias Cabrales, la hijueputada existe desde el primer momento donde se le sindica por ser el  Comandante de las tropas que lograron salvar la democracia en los luctuosos hechos del Palacio de Justicia, acaecidos los días 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando la Empresa Criminal  M-19, asaltando a sangre y fuego el templo de la justicia colombiana, pretendió tomar el control del Estado, previo juicio al Presidente de la República, intento de Golpe de Estado que se abortó por la intervención de las diferentes fuerzas legales del Estado, que a pesar de su reacción descoordinada, neutralizó la demencial empresa.

Es una hijueputada todo el proceso porque ni la Fiscalía, ni la Juez aceptaron un sinnúmero de pruebas necesarias para demostrar la inocencia del General y creen erróneamente que hace 25 años existían medios técnicos como internet, celulares etc, para coordinar una operación de tal magnitud y no vetustos radios que normalmente estaban fuera de servicio por la falta de tecnología adecuada, por lo que era imposible mantener el mando y control, con pequeñas unidades, inclusive a pocos metros.

Una hijueputada, porque no existe ningún testimonio que inculpe al General Arias Cabrales, que lo relacione con cualquier delito, ni siquiera que lo refiera con la desaparición de personas, contraviniendo lo que dice la sentencia y se desconoce injustamente testimonios que reconocen el profesionalismo del oficial, en todo momento procurando la recuperación de civiles y de los honorables Magistrados secuestrados y asesinados por el M-19.
Nadie concibe que se ignore, que si hay desaparecidos, lo que no se concibe es  lo que pudo suceder, que fue la calcinación total de las víctimas, cuyos residuos se perdieron por acción de las llamas, las altas temperaturas  y o por la intervención posterior de bomberos y aseadores, que sin acatar normas modernas de preservación de la escena, removieron, limpiaron, recogieron restos humanos que fueron botados como basura sin intervención de ningún ente investigador.

Es una hijueputada que no acepten ni la Fiscalía ni la Juez,  que los requerimientos de la defensa son tan contundentes que echarían por tierra punto por punto de la sentencia.

Hoy la sentencia a treinta y cinco años proferida, no es más que una cadena perpetua para un señor de 75 años de edad, que a pesar de la indefectible inocencia que resultará en el fallo a la Apelación, no deja de ser una hijueputada, el que se haya condenado a un inocente y a los integrantes de la Empresa criminal M-19 se les considere honorables y hasta presidenciables y nadie los juzgue a pesar de la calificación posterior de los hechos como delitos de Lesa Humanidad.

A más de lo anterior, es una hijueputada aplicar delitos que a la época de los hechos no existían; recordemos que internacionalmente se habló de desaparición forzada en el 06/09/1994; y en Colombia hasta el año 2000; entonces a que juega la rama judicial del poder público?, muy seguramente:  a condenar a nuestros héroes, por el solo hecho de ser militares.



lunes, 2 de mayo de 2011

¿QUÉ HAY DETRÁS DE LAS CONDENAS?
Por Brigadier General (r) Adolfo Clavijo

Ante las condenas al Coronel Plazas (30 años) y ahora al General Arias (35 años), surge la pregunta de qué hay detrás de esas penas, porque con ellas se ve que la administración de justicia sigue demostrando perfidia. Un sucinto análisis a la forma en que se viene administrando la justicia en el caso del Holocausto del Palacio de Justicia demuestra que tanto en los procesos como en los fallos están terciando unos intereses de carácter ideológico y económico que vienen alcanzando sus mezquinas metas con base en el trabajo político que despliegan los que buscan sacarle provecho al caso.

Como se sabe, el Ejército hizo fracasar el golpe terrorista del 6 y 7 de noviembre de 1985, el cual tenía fines políticos y meollo ideológico. Frente a la acción del Ejército, que era la que le correspondía, ¿tiene alguna explicación el que, a través de la justicia, se les pase a los oficiales que actuaron una cuenta de cobro, veinticinco años después? Esa factura es el producto de que al proceso le mezclaron presiones e infiltraciones de tipo político con el fin de obtener las dádivas ideológicas y económicas que están dando los resultados planeados. Lo triste es que los administradores de la justicia les hayan hecho eco a esas coacciones y hayan permitido que los procesos y fallos contra los oficiales estén politizados. A la toma del Palacio, a pesar de ser un clásico acto terrorista, se le dio un manejo –político- que terminó brindándoles las mieles de la política a los agresores, gesto que no implicaba necesariamente que a los defensores se les traspasara la culpa de lo ocurrido, pero, lamentablemente, así se hizo. Esta fue una jugada sórdida pero magistral para quienes lograron politizar la justicia con el fin de lograr las condenas que surten sus intereses.

En el mismo proceso del Palacio de Justicia el interés ideológico entró en escena con dos actos. En el primer acto, con la revancha inmisericorde que el comunismo internacional, empleando la administración de justicia, pone siempre en juego contra quienes frustran sus empeños de hacerse al poder de una nación; el precio que cobran en estos dos casos que nos ocupan es alto en castigos judiciales (30 y 35 años, cuando a criminales terroristas se les imponen penas irrisorias). En el segundo acto, con la injuriosa tarea de minar la credibilidad oficial para mantener vigente la opción de un gobierno comunista, que sería eterno como todos los de este tenor. Esta tarea requiere aprovechar todas las oportunidades habidas y por haber para descalificar la institucionalidad y dejar en mente la posibilidad de que entren a gobernar fuerzas radicales. Para este efecto, nada mejor que meter entre las cuerdas de la justicia y el desprestigio a quienes conducen las acciones y reacciones gubernamentales. Estos dos puntos demuestran que en el caso del Palacio de Justicia el interés ideológico buscó y logró inclinar la balanza de la justicia hacia el lado que les conviene a los que quieren deshacerse de la democracia. Se concluye, entonces, que detrás de las condenas está la ambición de poder de ideología marxista, o algo parecido.

Ahora el interés económico. Las demandas contra militares buscan condenas que les abran las puertas a grandes indemnizaciones que lucran a ONG y a colectivos de abogados y, de paso, a reales o hipotéticos familiares de las presuntas víctimas. La inversión para el logro de la indemnización contempla toda forma posible de presión y coacción contra la administración de justicia; se hacen habituales las marchas y manifestaciones ante las sedes de la justicia para “reclamar justicia”, mientras los abogados les hacen la cacería a los reporteros para salir al aire a esgrimir argumentos falaces con los que se pueda distorsionar el pensamiento de la opinión pública. Con los fallos de primera instancia contra el Coronel Plazas y el General Arias el interés económico va ganando la partida pues, al haber condena, hay pago. Aquí se concluye que detrás de las condenas reina la voracidad económica de algunas organizaciones.

Y, ¿qué más hay detrás de las condenas? Una administración de justicia que deja todo por desear. Lo más seguro es que las falencias no están en la letra de los manuales de procedimiento y reglamentos ni en la normatividad en general (que si bien les cabe reformas, éstas no solucionarían el grave problema por el que atraviesa la justicia colombiana) sino en las actitudes y conductas que inciden en las actuaciones de los funcionarios que administran la justicia (magistrados, jueces, fiscales y otros; no todos, por supuesto). Las condenas a los oficiales citados y el desarrollo de los otros procesos que están en curso dejan ver que gran parte de las decisiones jurídicas están influenciadas por organizaciones y personas que manipulan los intereses ideológicos y económicos que acompañan los juicios a los militares. De ahí que, si en los procesos del Holocausto la justicia se tuerce es porque quienes tienen la facultad de manejarla lo hacen con falsedad, parcialidad, prevención, prejuicio. Incurren en lo que podrían llamarse los “falsos positivos de la justicia”, que se traduce, como en los otros falsos positivos, en convertir a alguien en víctima para cobrar o usufructuar dividendos.

Bogotá, D.C. mayo de 2011    


La Opinión de la Semana

¿QUÉ HAY DETRÁS DE LAS CONDENAS?
Por Brigadier General (r) Adolfo Clavijo

Ante las condenas al Coronel Plazas (30 años) y ahora al General Arias (35 años), surge la pregunta de qué hay detrás de esas penas, porque con ellas se ve que la administración de justicia sigue demostrando perfidia. Un sucinto análisis a la forma en que se viene administrando la justicia en el caso del Holocausto del Palacio de Justicia demuestra que tanto en los procesos como en los fallos están terciando unos intereses de carácter ideológico y económico que vienen alcanzando sus mezquinas metas con base en el trabajo político que despliegan los que buscan sacarle provecho al caso.

Como se sabe, el Ejército hizo fracasar el golpe terrorista del 6 y 7 de noviembre de 1985, el cual tenía fines políticos y meollo ideológico. Frente a la acción del Ejército, que era la que le correspondía, ¿tiene alguna explicación el que, a través de la justicia, se les pase a los oficiales que actuaron una cuenta de cobro, veinticinco años después? Esa factura es el producto de que al proceso le mezclaron presiones e infiltraciones de tipo político con el fin de obtener las dádivas ideológicas y económicas que están dando los resultados planeados. Lo triste es que los administradores de la justicia les hayan hecho eco a esas coacciones y hayan permitido que los procesos y fallos contra los oficiales estén politizados. A la toma del Palacio, a pesar de ser un clásico acto terrorista, se le dio un manejo –político- que terminó brindándoles las mieles de la política a los agresores, gesto que no implicaba necesariamente que a los defensores se les traspasara la culpa de lo ocurrido, pero, lamentablemente, así se hizo. Esta fue una jugada sórdida pero magistral para quienes lograron politizar la justicia con el fin de lograr las condenas que surten sus intereses.

En el mismo proceso del Palacio de Justicia el interés ideológico entró en escena con dos actos. En el primer acto, con la revancha inmisericorde que el comunismo internacional, empleando la administración de justicia, pone siempre en juego contra quienes frustran sus empeños de hacerse al poder de una nación; el precio que cobran en estos dos casos que nos ocupan es alto en castigos judiciales (30 y 35 años, cuando a criminales terroristas se les imponen penas irrisorias). En el segundo acto, con la injuriosa tarea de minar la credibilidad oficial para mantener vigente la opción de un gobierno comunista, que sería eterno como todos los de este tenor. Esta tarea requiere aprovechar todas las oportunidades habidas y por haber para descalificar la institucionalidad y dejar en mente la posibilidad de que entren a gobernar fuerzas radicales. Para este efecto, nada mejor que meter entre las cuerdas de la justicia y el desprestigio a quienes conducen las acciones y reacciones gubernamentales. Estos dos puntos demuestran que en el caso del Palacio de Justicia el interés ideológico buscó y logró inclinar la balanza de la justicia hacia el lado que les conviene a los que quieren deshacerse de la democracia. Se concluye, entonces, que detrás de las condenas está la ambición de poder de ideología marxista, o algo parecido.

Ahora el interés económico. Las demandas contra militares buscan condenas que les abran las puertas a grandes indemnizaciones que lucran a ONG y a colectivos de abogados y, de paso, a reales o hipotéticos familiares de las presuntas víctimas. La inversión para el logro de la indemnización contempla toda forma posible de presión y coacción contra la administración de justicia; se hacen habituales las marchas y manifestaciones ante las sedes de la justicia para “reclamar justicia”, mientras los abogados les hacen la cacería a los reporteros para salir al aire a esgrimir argumentos falaces con los que se pueda distorsionar el pensamiento de la opinión pública. Con los fallos de primera instancia contra el Coronel Plazas y el General Arias el interés económico va ganando la partida pues, al haber condena, hay pago. Aquí se concluye que detrás de las condenas reina la voracidad económica de algunas organizaciones.

Y, ¿qué más hay detrás de las condenas? Una administración de justicia que deja todo por desear. Lo más seguro es que las falencias no están en la letra de los manuales de procedimiento y reglamentos ni en la normatividad en general (que si bien les cabe reformas, éstas no solucionarían el grave problema por el que atraviesa la justicia colombiana) sino en las actitudes y conductas que inciden en las actuaciones de los funcionarios que administran la justicia (magistrados, jueces, fiscales y otros; no todos, por supuesto). Las condenas a los oficiales citados y el desarrollo de los otros procesos que están en curso dejan ver que gran parte de las decisiones jurídicas están influenciadas por organizaciones y personas que manipulan los intereses ideológicos y económicos que acompañan los juicios a los militares. De ahí que, si en los procesos del Holocausto la justicia se tuerce es porque quienes tienen la facultad de manejarla lo hacen con falsedad, parcialidad, prevención, prejuicio. Incurren en lo que podrían llamarse los “falsos positivos de la justicia”, que se traduce, como en los otros falsos positivos, en convertir a alguien en víctima para cobrar o usufructuar dividendos.

Bogotá, D.C. mayo de 2011    


viernes, 22 de abril de 2011

La Opinión de la Semana

Otro duro golpe al Ejército Nacional.
La  inmerecida y desafortunada baja del General Gustavo Matamoros Camacho

Por: Centro Colombiano de Pensamiento Político Militar

Todo fue bien preparado. Sucedió el miércoles 20 de abril de 2011 a las 5 PM, cuando  el pueblo colombiano estaba de viaje por Semana Santa y todo el Ejército se encontraba desplegado en los trabajos de Seguridad y de apoyo a los afectados por la ola invernal. Por la mañana el Almirante Edgar Cely salió a los medios de comunicación a decir que en las Fuerzas Militares todo era paz, armonía, comprensión, solidaridad; por la tarde se confirmó lo que se comentaba en los pasillos y en algunos medios de comunicación: "Hay fractura en la cúpula militar".

Estos rumores fueron confirmados por los subsiguientes acontecimientos. El día miércoles 20 de Abril en las horas de la tarde, Almirante Cely llamó al General Matamoros,   para insinuarle que pidiera la baja, el General Matamoros se negó rotundamente, por lo cual fue llamado a “calificar servicios” de acuerdo a la facultad discrecional del gobierno. Un hecho de extrema gravedad por las implicaciones que esto tiene, particularmente al interior de las filas de Ejército Nacional, no se concibe bajo ningún punto de vista el tratamiento dado al segundo al mando de las Fuerzas Militares, sin la más mínima consideración y sin tener en cuenta las consecuencias que esto traerá para la moral de las tropas.  No se concibe que el Ministro de la Defensa Nacional no haya intervenido oportunamente para evitar este agravio o por lo menos haber oído al General Matamoros,  para luego tomar una determinación de esta dimensión; pero sí muy orondo al día siguiente en rueda de prensa, nombró a su reemplazo como si se tratara de un relevo rutinario de un mando medio. 

Lo cierto es que el General Matamoros, había presentado varias diferencias con el Comandante General, sobre temas conceptuales y de fondo, relacionadas con el Fuero Militar, La Justicia Penal Militar, el Fuero carcelario, los Comandos Conjuntos, compras de equipamiento militar y otros temas de alta importancia estratégica, particularmente para el Ejercito, por ser la Fuerza que está afrontando en un 90% los más duros embates de sus enemigos. Indudablemente Matamoros se convirtió en la piedra en el zapato, por oponerse  a la política de apaciguamiento y total abnegación ante los desafueros cometidos contra el Ejército  en los últimos años. No dudamos de las excelentes condiciones y virtudes de Almirante Cely, pero no compartimos su falta de flexibilidad y manejo de un equipo tan importante como es el Comando General.

El señor Presidente de la Republica en uso de sus atribuciones, nombró como Comandante General de las Fuerzas Militares al señor Almirante Cely, incluso años atrás,  había sido ejercido este cargo por el señor Almirante Holdan Delgado, quien efectuó un manejo prudente y cordial sin contratiempos; pero esto no quiere decir que esta decisión haya sido correcta y doctrinaria. No compartimos que una Fuerza como la del Ejército Nacional con más de 220.000 hombres, sea comandada por un marino que es experto en operaciones marítimas. Es como si se nombrara de Comandante de  la Flota Naval del Atlántico o de Comandante de la Armada, por el solo hecho de tener algunas tropas del Ejército,  a un General experto en operaciones terrestres. Si hablamos doctrinariamente y teniendo en cuenta la organización de los Comandos Conjuntos, que es el caso del Comando General, “dice que esta organización, deberá tener como Comandante a un miembro de la Fuerza que tenga el mayor componente”, y esto tiene su lógica desde donde se mire.  Todas las Fuerzas Militares del mundo siguen esta doctrina, no por capricho sino por norma organizacional, lo contrario será la improvisación por inexperiencia.

Respetamos y reconocemos la importancia de nuestra Armada Nacional, en los mares y ríos de nuestra patria, así como los decisivos y valiosos aportes de la Fuerza Aérea Colombiana, que sin su aporte hubiere sido imposible obtener los éxitos en las más importantes operaciones de los últimos tiempos.

Lamentamos profundamente la baja del General Matamoros. Un hombre íntegro, serio, inteligente que por divergencias conceptuales salió de baja con honor como corresponde a los Generales que defienden la Institución. El maltrato sufrido a un General de cuatro soles al darlo de baja en la forma como lo hicieron, es el fiel reflejo de cómo están maltratando al Ejército Nacional.

En este desafortunado hecho perdió el Ejército, perdió la Armada, perdió el Almirante Cely y perdió el país, así traten de minimizar el hecho. Los que deben estar celebrando en estos momentos por esta desafortunada baja del General Matamoros,  son los terroristas de las FARC y los enemigos solapados en las instituciones.

Bogotá, 21 de abril de 2011

CENTRO DE PENSAMIENTO ESTRATEGICO POLITICO MILITAR

sábado, 16 de abril de 2011

La Opinión de la Semana

Carta al Comandante del Ejército Nacional


Por: General Héctor Fabio Velasco Chávez – Presidente del Cuerpo de Generales y Almirantes.


Bogotá, 14 de abril de 2011


Señor General
ALEJANDRO NAVAS RAMOS
Comandante del Ejército Nacional
Ciudad
Distinguido General Navas:
 Los Generales y Almirantes de la Reserva Activa integrantes del Cuerpo, intensamente dolidos por las infames y abyectas actitudes de algunos medios de comunicación, que haciendo juego, consciente o inconscientemente, en una guerra política mediática contra las Fuerzas Militares, desde hace algún tiempo han convertido a los miembros de las mismas, y especialmente a los integrantes de la noble arma que usted comanda, en objeto de difamatorias acusaciones que lesionan el ánimo de nuestros soldados, que entre tanto arriesgan y hasta entregan su propia vida en pro de la recuperación del orden interno, a la protección de la vida y bienes de nuestros campesinos, y luchando por la preservación de nuestra soberanía
Este tipo de periodismo, que dista mucho de la objetividad y ética que debe distinguir al comunicador profesional, sirve a innobles e ingratas pretensiones de anárquicos enemigos de la democracia o de ambiciosos políticos que en una actitud carente de gallardía y buen talante, y en busca de réditos electoreros, se aprovechan de errores o del reprochable y condenable proceder de algunos desleales y traidores miembros de la Institución, que abandonaron principios y enseñanzas inculcadas en los institutos castrenses o en los cuarteles.
Señor General, reconocemos, aplaudimos y respaldamos su valiente, gallarda y caballerosa defensa del Ejército que comanda, con ocasión de perversas e imprecisas imputaciones hechas a la Institución en relación con anomalías injustificables detectadas hace algunos meses en la Cárcel Militar de Tolemaida, que han generado hasta amenazas con decisiones gubernamentales que violarían flagrantemente nuestra Carta Magna.
Pero qué diferente ha sido la actitud de dichos críticos cuando se trata de juzgar a algunos militantes de partidos políticos o miembros del Congreso de la República por actos igualmente reprochables… entonces nunca se ha hablado de eliminar los Partidos o las Cámaras Legislativas.
Es que las instituciones no delinquen y es craso error condenar o sancionar a las mismas por faltas o crímenes de algunos de sus hombres, y es de varones y caballeros reconocer los errores, como usted lo ha hecho señor general Navas, y disponer las acciones correctivas pertinentes, en lugar de lavarse las manos como Pilatos, o tratar de “vender el escaño”.

Señor general Navas, tiene usted el solidario y comprensivo respaldo del Cuerpo de Generales y Almirantes de la Reserva Activa en su valerosa  actitud de hacer la apologia del Ejercito de Colombia; estaremos atentos a su convocatoria para cuando y lo que requiera,… que el eco de su voz retumbe, en el empeño de salvaguardar la honra y dignidad de sus hombres, hasta en los lugares más recónditos de nuestra geografía,… actúe con la firmeza y celeridad que lo han caracterizado durante su descollada y prolifera vida profesional, y jamás olvide que el pueblo colombiano, reconocido, grato y justo, siempre ha colocado a su ejército en el PRIMER LUGAR entre la instituciones y organizaciones de la Nación, cada vez que de sondear la favorabilidad pública se trata.

Con toda atención,   

General HÉCTOR FABIO VELASCO CHÁVEZ
Presidente

Tels:6279227/6279249








miércoles, 13 de abril de 2011

Editorial de la Semana

Editorial

ACABAR CON LAS FUERZAS ARMADAS

Centro Colombiano de Pensamiento Político Militar

Acabar con los Ejércitos de América, tal cual, es el objetivo, jamás desmentido, del Foro de Sao Paulo y de las organizaciones y gobiernos proclives a la izquierda.
Pero no. No es esa la idea de nuestro gobierno, ni de los medios, ni del aparato de justicia, ni de la opinión pública colombiana. Ni siquiera de las organizaciones de izquierda con todos sus tentáculos, incluyendo, por supuesto, a la subversión.  Esta pretende es atacar, vulnerar y debilitar la capacidad de lucha, ante la imposibilidad absoluta de declinar la “Fe en la Causa” de nuestro Ejército.
Paradójicamente el gobierno, los medios, la justicia, las ONG’s, consciente o inconscientemente, están contribuyendo a la grave desmoralización y desmotivación que hoy afecta por igual a los soldados y policías de nuestras fuerzas armadas. El término está en desuso, pero las fuerzas armadas existen, están vigentes y luchan por nuestra libertad con un profundo dolor de patria, debido al injusto tratamiento, que reciben en compensación a sus grandes sacrificios.
El síntoma es evidente y es cierto. Se comprueba simplemente conversando con soldados y policías que combaten en el monte.
Al soldado y policía colombiano le hace más daño el mal llamado “amigo de cuello blanco” que se hace pasar por aliado y que se encuentra inmerso en el gobierno, en la justicia, en los medios de comunicación, en los mismos gremios y en un sector despistado de la comunidad que juega un doble papel con la sociedad, según su conveniencia y oportunismo. A estos “amigos” desarmados les teme más el soldado que a los alzados en armas en el campo de combate, puesto que son los que más daño le están causando, protegidos por un sistema que hace resonancia y auspicia estas perversas maniobras.
La reflexión del soldado es simple y humilde, como su origen.
¿De qué vale seguir luchando por una causa noble y altruista para defender a una patria desagradecida e indiferente?
¿Para qué llegar hasta el sacrificio sublime de ofrecer su vida por aquellos a quienes les reclaman a gritos su presencia, cuando están en peligro y luego, cuando se encuentran protegidos los rechazan, los vituperan y los desprecian?
Para qué la hipocresía de señalarlos héroes en los titulares de prensa y en las pantallas de televisión cuando inmediatamente después del combate, los mismos jueces y periodistas les cambian el calificativo de “héroes”, por el de “asesinos”.
Por qué nuestros dirigentes y hasta los hombres de bien, les ofrecen el honor y la gloria, cuando marchan al combate y a su regreso, les truecan en un instante el honor por el deshonor y la gloria por la indignidad.
 ¿Por qué la justicia acusa sin juicio y condena sin pruebas en la mayoría de los casos, cuando de militares se trata y dónde están en ese momento los defensores de los derechos humanos... y dónde el gobierno... y dónde y dónde los periodistas... los industriales, los ciudadanos que se han beneficiado de su protección?
¿Por qué los medios de comunicación condenan anticipadamente, sin freno ni pudor, sin proceso, sin juicio y sin pruebas, con discriminación, a quienes portan las Armas de la República?
¿Por qué los aplausos generosos de la sociedad protegida se desvanecen, cuando cesan las trompetas del triunfo y de inmediato se vuelven a levantar, para señalar con dedo acusador a los hombres que han derramado su sangre por defenderlos?
¿Por qué siguen siendo indiferentes y apáticos el gobierno y sus estamentos a los reiterativos reclamos y peticiones de justicia que a diario les piden, con pleno derecho, los soldados y policías de Colombia?
Las voces del silencio que llegan a sus oídos son desoídas, porque no sirven para acrecentar su caudal político, pero es bueno que adviertan que están socavando las bases de la institucionalidad y en ese momento ¿a quién van a acudir?
Hay, hoy en el país, tres o cuatro voces de reconocidos y abnegados patriotas, ilustres periodistas, que con valentía y decoro se han atrevido a defender de oficio, a los olvidados de la patria, enfrentándose tan solo con el arma de la verdad, a las huestes venenosas de sus congéneres, que no han querido escuchar estas voces que pregonan la necesidad de sostener al Ejército, para que no dejen caer la Republica. Oídos sordos que no entienden que destruyendo al soldado, se están aniquilando a sí mismos.
El clamor que se oye de la reserva activa, todos los días, se apaga sin escucharse, porque el gobierno, los medios, los estamentos y el país en general, perciben a los viejos guerreros, como muebles viejos, a los que hay que mantener arrumados en los rincones del olvido.
La expresión de los Generales que han sido Comandantes del Ejército, se refleja en su último comunicado cuando dicen “Esta guerra larvada que ataca desde las sombras y  a cuyas formas sinuosas del engaño y perfidia, cierran los ojos sociedad y estado, al permitir que a sus instituciones armadas se les denigre, desconociendo su papel de defensores de la libertad y derechos que ilustran nuestro ser republicano”.
Cuando un pueblo pierde la memoria para olvidar a los que luchan y han muerto por su libertad y a los que regresan heridos y mutilados los esperan en los estrados, para seguirles mutilando el alma e hiriéndoles en las fibras más sensibles del honor. ¿Podrán estos hombres sentirse plenos de entusiasmo y de moral?
Sí. No nos podemos llamar a engaño; hay desmotivación y gran dolor en los soldados y policías de Colombia porque tienen en lo profundo motivos morales para estarlo.
No hay mejor soldado que el soldado colombiano, hoy se encuentra ofendido y humillado por gran parte de sus compatriotas, aunque continúan en la lucha sin esperar contraprestaciones. Por su sacrificio sublime, no necesitan recompensas, no reclaman honores, ni medallas, no quieren reconocimientos viles. Exigen con dignidad su derecho a no ser acusados sin razón, condenados sin juicio, ofendidos por sus propios conciudadanos.
Colombia necesita de sus soldados y policías, Los colombianos no podemos seguir siendo indiferentes a la suerte desgraciada que hoy viven nuestros verdaderos héroes.
Señores Comandantes, no dejen pasar esta oportunidad, lideren este propósito nacional, y defiendan a nuestros hombres con el mismo empeño y dedicación como han defendido su honor a lo largo de la vida!. La patria restablecida les agradecerá por siempre este gesto de grandeza.

Bogotá, 13 de abril de 2011

Centro Colombiano de Pensamiento Político Militar
www.pensamientopolitico-militar.blogspot.com

viernes, 18 de marzo de 2011

EN DEFENSA DE LA JUSTICIA PENAL MILITAR

TENDENCIAS Y RETOS DE LA JUSTICIA PENAL MILITAR COLOMBIANA

                                                 
                                          Brigadier General® JOSE ARTURO CAMELO PIÑEROS*



Asumir el encargo de aportar ideas que contribuyan a mejorar la situación de crisis que afronta la Justicia Penal Militar Colombiana, constituye un reto y una oportunidad valiosa, por cuanto el espacio de tiempo permitido a la exposición de mi ponencia es insuficiente para todo cuanto quisiera expresar frente a este auditorio, en su mayoría conformado por mis antiguos funcionarios, a quienes recuerdo con especial afecto. Vengo a ustedes sin prevenciones ni aspiraciones; con respeto, pero con la obligación moral de decirles lo que considero que se está haciendo mal, porque  los tiempos que vive nuestra justicia no se prestan para elogios.   Debo decirles que lo hago con base en la experiencia de haber pertenecido por 34 años y ahora en la reserva activa a la organización, con mayor grado de credibilidad en nuestra Nación desde que se crearon los sistemas evaluativos, para medir la confianza de los colombianos en sus instituciones.

Analizar tendencias y explorar retos de la Justicia Penal Militar en nuestro  Estado Constitucional de Derecho es el objetivo general del foro que hoy nos ocupa.
Por su parte, analizar las tendencias no parece complicado, por cuanto parece evidente la posible presencia de 3 escenarios posibles a los que se podría llegar: 1) La desaparición de nuestra Justicia Penal Militar como resultado de otro intento que se haga para que sus funciones sean asumidas por la Justicia Ordinaria , 2) El renacer de una Justicia fortalecida mediante la adopción de un sistema que responda a las necesidades de eficiencia y credibilidad requeridas y 3) una posición ecléctica consistente en continuar su marcha indefinida persistiendo en sus errores.

Para que nuestra participación en este encuentro no resulte inocua, deseamos manifestarles a los presentes que pretendemos buscar el fortalecimiento de la justicia Penal Militar, porque conocemos de la importancia del fuero militar y su influencia en el espíritu de combate de las tropas como factor indispensable para definir a nuestro favor el conflicto que ha azotado nuestra Nación por tanto tiempo.  Es por esto que creemos necesario, reflexionar acerca de cuáles medidas serían imprescindibles  para lograr lo que tanto deseamos, por cuanto sin ellas todo esfuerzo se convertiría en mera intención carente de resultados reales.  Creemos que nuestras ideas pueden resultar  innovadoras puesto que tratándose de proponer soluciones sin requerir de presupuesto ni exigir cuotas burocráticas para fortalecer un sistema judicial en nuestro País, no parece real. De lo que se trata es de sugerir recomendaciones para fortalecer  nuestro sistema Penal Militar con el potencial con que se cuenta.

Consideramos medidas imprescindibles para lograr el fortalecimiento de nuestra Justicia Penal militar: 1) Crear conciencia de la necesidad, fines y fundamentos del sistema de Justicia Penal Militar para garantizar la supervivencia del Estado Social de Derecho, 2) Compromiso de las instituciones para construir dogmática especializada y 3) corregir las fallas que presenta el actual sistema como consecuencia de la carencia de las 2 anteriores.

En primer lugar, la necesidad de una Justicia Penal Militar, debemos entender,  no reside en el argumento de que todos los países desarrollados del mundo cuentan con una Justicia Militar, porque países como Francia, Alemania o Suecia no la consideran necesaria, debiendo aclarar que ello es así para tiempos de paz; pero no existe en el mundo País alguno que en estado de conflicto no cuente con ese recurso  especializado para juzgar las conductas delictivas cometidos en el ámbito castrense. La Razón principal que soporta la existencia de un sistema Penal Militar, reside en la suprema necesidad de velar por el mantenimiento de tres factores sin los cuales el empleo de la fuerza no garantizaría la defensa del Estado y la eficacia de la Ley:  La preservación de la disciplina militar, La eficacia de las Fuerzas Armadas de la Nación y el mantenimiento del sistema jerárquico de los Ejércitos, todo ello para lograr el fin supremo que se les confía  a las Fuerzas de tierra, mar y aire en todas las naciones: la defensa de la soberanía, la integridad territorial, la independencia nacional y el orden constitucional.

De la mano de la comprensión acerca de la necesidad de un sistema de Justicia penal Militar, se deben realizar esfuerzos para abandonar la definición según la cual el fuero militar es una prerrogativa o privilegio, del cual gozan los militares para ser juzgados por procedimientos especiales puesto que, este concepto ha sido utilizado para dar a entender que lo que se busca es cubrir con el manto de la impunidad los delitos cometidos en el ámbito militar, tal como lo han expresado en diferentes oportunidades los organismos internacionales y a cambio de ello definir de manera correcta el fuero militar como una garantía constitucional. No olvidemos que el fuero militar protege en últimas, las funciones que los miembros de la Fuerza Pública cumplen de acuerdo con el mandato Constitucional y las instituciones que representa, antes que la persona en si misma considerada y por lo cual le asiste al fuero, también la característica de la irrenunciabilidad. 

Como segunda medida imprescindible para fortalecer el sistema de Justicia Penal Militar, citamos el necesario compromiso de las instituciones involucradas en el ámbito militar y Jurídico- Militar para la creación de dogmatica Penal. Para ello es necesario abandonar definitivamente la creencia según la cual de las falencias que presenta  la Justicia Penal Militar, son culpables los políticos, la Corte Constitucional, los legisladores, los Organismos internacionales y las ONGs. Aquí tenemos que comprender que cada institución cumple sus deberes según sus conocimientos, políticas, creencias, conveniencias o necesidades y es al estamento militar y jurídico castrense a quien corresponde crear las condiciones necesarias para incrementar el conocimiento profundo de la ciencia penal especializada. . Además debemos abandonar la idea que el problema se arregla en corto tiempo o cambiando de Director.

 La dogmatica penal, entendida según Roxín, como la disciplina que se preocupa de la interpretación, sistematización y desarrollo de los preceptos legales y las opiniones científicas en el ámbito del Derecho Penal, debe ser adoptada en el seno de nuestra justicia, no solo para la sagrada labor de administrar justicia sino para encontrar los elementos que sustenten la existencia de la ciencia penal militar.

Se debe hacer uso de contra-argumentos  más sólidos y efectivos, para enfrentar posiciones que contrarresten la creencia de que es conveniente acabar con la Justicia Penal Militar, tal como lo manifestara nuestro jefe de Gobierno ante Organismos Internacionales. La dogmatica penal debe ser asumida como método de estudio e investigación jurídica con base en la norma militar y penal militar y debe ser adoptada en la conciencia de los operadores de justicia dirigidos por sus más ilustres dignatarios para establecer principios, categorías y particularidades del estamento militar, sistematizar todo el saber con referencia al Derecho Militar para proporcionar seguridad jurídica. Se deben impulsar las investigaciones propias del Derecho Militar comparado, la criminología y la política criminal para enfrentar con argumentos sólidos el embate de quienes propenden por la eliminación del fuero militar. Con que recursos combatimos los argumentos de quienes quieren eliminarnos si en nuestro País no existe un solo libro de criminología, dogmatica o doctrina Penal Militar?. Se trata de saber y comprender por qué y para qué estamos administrando justicia y eso, no esperemos que lo respondan la ONGs.   

Por último, queremos referirnos solo a algunas fallas que presenta la justicia Penal militar, tal como está concebida en la actualidad o tal como pretende establecerse cuando adopte plenamente lo que ha denominado sistema penal oral acusatorio, no sin antes advertir que los problemas que afronta nuestra Justicia no son hechos aislados en el contexto internacional, sino que muchas veces aparecen como similares  a los que enfrentan muchos países del mundo motivados principalmente por observaciones de organismos internacionales de los  Sistemas Interamericano  Americano y Europeo de Derechos Humanos. Más aun,  debemos a manera de consolación admitir que tampoco constituye un hecho aislado dentro del estamento militar puesto que otras instituciones como el régimen disciplinario, La ley de Defensa Nacional, La inteligencia Militar y la ley de movilización también sufren de inseguridad jurídica, la mayoría de ellas además padecen de  parálisis legislativa esperando quizá el día de la resurrección. Es preciso anotar, como se indico al comienzo, que las fallas que aquí se advierten obedecen al desconocimiento de lo tratado en los dos puntos anteriores, es decir al desconocimiento de los fines, fundamentos, principios y falta de compromiso para crear una dogmatica aplicada.

Así entonces la tercera medida imprescindible para fortalecer la justicia Penal militar consistirá en corregir los errores que se advierten y que hemos denominado: Retos para corregir los errores que presenta la Justicia Penal Militar, así:

1. Adoptar un procedimiento Penal Militar,  que responda a las características propias del estamento castrense y que favorezca  el cumplimiento de los fines para los cuales son creados los sistemas de Justicia Militar. Tomar como modelo el sistema penal cuasi-acusatorio ordinario no parece haber sido lo más acertado porque de contera se desconoció el principio de especialidad de la Justicia Penal Militar, lo que equivale a autodestrucción  y porque ambas jurisdicciones se oponen en sus orígenes político-criminales y sus fines son totalmente distintos. Mientras la Justicia Penal Militar busca mantener la disciplina, la eficacia de las Fuerzas Armadas de la República y el sistema jerárquico de los ejércitos, aquella esta instituida para evitar la violencia a través de la aplicación de la norma y combatir el crimen, a mas de que sus transformaciones obedecen también a necesidades distintas.

Existe aquí tema suficiente para razonar de la mano de la doctrina jurídico-militar que les sugerimos incrementar, si aquellas figuras tales como la sentencia anticipada, las rebajas de penas por delación, la negociación de la pena con el imputado, los preacuerdos y otras figuras que se originaron en la justicia ordinaria para buscar la colaboración del delincuente desde aquellos negros tiempos de la política de sometimiento a la justicia y ahora más recientemente para facilitar la desarticulación de bandas de narcotraficantes y paramilitares; figuras que ahora adopta nuestra justicia no irán en contravía de lo que se pretende preservar?

2. Adelantar las gestiones legales que sean necesarias para crear las verdaderas "Cortes Marciales", puesto que ello es un mandato constitucional. Basta reparar en la interpretación sistemática y exegética del contenido del artículo 221 de la Constitución Política, para advertir que ellas están allí dispuestas y no mantenernos en el engaño de creer que la corte marcial es lo mismo que la audiencia oral; más aún después de haber escuchado en este foro, de boca de los ilustres visitantes extranjeros lo que es realmente una Corte Marcial. Amplios son los beneficios de administrar justicia en cabeza de los tribunales o cortes marciales con participación del jurado y ya nuestra Corte Constitucional nos indicó la manera de hacerlo, mediante sentencia C-145 de 1.998. Cumplir el mandato integraría el cuerpo jurídico militar con la institución a quien le debe su naturaleza y razón de ser.

3. La propuesta de afrontar un tercer reto consiste en recuperar la figura del Defensor Militar, a pesar de que se encuentre vigente la sentencia de la honorable Corte Constitucional que declaró inexequible esta figura cuando este correspondiera a un militar activo a pesar de ser abogado, porque la Corte también se equivoca y merece la oportunidad de corregir sus errores. Para este caso los honorables magistrados fallaron en contra de la Constitución  porque lo hicieron con base en la presunción de mala fe y lesionaron gravemente el honor de la Institución militar.

La defensa técnica a que tiene derecho el inculpado militar requiere que quien la ejecute cuente con los conocimientos, no solo jurídicos sino los propios de las ciencias militares. Ahora las altas cortes están demostrando que sus jurisprudencias pueden cambiar porque precisamente fueron formuladas por humanos como nosotros. Recordemos aquí a manera de ejemplo, como nuestra Corte Suprema de Justicia varió su jurisprudencia en relación con el fuero senatorial, al aceptar primero la posibilidad según la cual, un honorable senador podía renunciar a su fuero por preferir ser investigado por la Fiscalía General y luego ya pensando más fríamente cayó en el acierto de recordar que los fueros no protegen personas sino las funciones que cumplen y la institución que representan, logrando al mismo tiempo garantizar eso sí,  derechos a las personas. Recordemos que según lo reza la declaración universal de Derechos, todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

Busquemos entonces la oportunidad para que nuestra honorable Corte Constitucional corrija el error de haber declarado inexequible la figura del defensor militar por ser militar, porque si se persiste en el,  continuaríamos siendo el único país del mundo donde gracias a un equivocado entendimiento de la Constitución, se impide a los militares en servicio, actuar como defensores dentro de los procesos que se adelantan dentro de su jurisdicción penal militar. (Consultar salvamentos de voto sentencia C-592 de 1.993). Como se puede pensar en garantizar la defensa técnica del militar, dentro de una causa penal militar si quien debe hacerlo no tiene conocimiento de lo militar?     

4. Se debe evaluar la viabilidad y conveniencia de la creación del C.T.I. " exclusivo" para la Fuerza Pública, porque supone la inversión de recursos impensables y va en contravía de decisiones que por causas políticas se están tomando para eliminar o controlar al máximo la dispersión de los organismos técnicos de investigación. Nunca se podría igualar la capacidad de recursos del C.T.I. de la Fiscalía para pretender reemplazarlo y la intención puede causar un efecto negativo.

5. Por último, nuestras recomendaciones se resumen a convertir las amenazas en oportunidades creando un verdadero sistema penal acusatorio que permita además cumplir los fines para los cuales se estructuran los sistemas de justicia penal militar.

La Fuerza Pública de nuestra Nación está enfrentando un conflicto narcoterrorista de inmensas proporciones y cuenta con los recursos humanos y materiales  suficientes para ganar esta guerra. La reserva activa se encuentra dispuesta a salir en defensa de la Justicia Penal Militar como  lo ha hecho en varias oportunidades,  pero hoy se requiere del concurso de todos, para que el hombre que combate lo haga sin temor. No solo venciendo el temor frente al enemigo y  para lo cual lo hemos entrenado hasta lograr que esté  dispuesto a dar su vida por nosotros, sino que también lo haga sin temor a verse enfrentado a jueces que no conocen de sus condiciones o a  juicios injustos cuando su conciencia le dice que ha actuado de acuerdo con su deber.

Les agradezco inmensamente el haberme escuchado y les deseo acierto en su sagrada labor.        

 *Ex-Director Ejecutivo de la Justicia Penal Militar y Miembro Activo del Centro Colombiano de Pensamiento Político-Militar. CCPPM.
                                                                                   
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10-MAR-2011