Trabajamos por la supervivencia de las Fuerzas Militares de Colombia, hoy amenazadas por una guerra jurídica sin precedentes en la historia del país.
domingo, 16 de marzo de 2014
jueves, 13 de marzo de 2014
Carta abierta de militares al Presidente de la República sobre proceso de paz en La Habana
Bogotá, D.C. Febrero 20 de 2014
Dr. JUAN
MANUEL SANTOS CALDERÓN
PRESIDENTE DE
LA REPÚBLICA DE COLOMBIA
La Ciudad.-
Señor Presidente:
Con la más alta consideración y respeto, nos
dirigimos a usted en su condición de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas
de la República, con el fin de advertir algunas realidades y peligros, que no
solo son de la mayor importancia para la supervivencia de la Fuerzas Militares,
sino también para la estabilidad democrática de la Nación, en el desarrollo de
la transición de un eventual fin del
conflicto con las FARC.
En primer término, estamos convencidos que la mayor
amenaza no está, de por si, en la dinámica de la mesa de negociaciones, pues
hasta el momento es claro que se está dando cumplimiento a lo estipulado en el Acuerdo
General. Sin embargo, observamos con incertidumbre y preocupación, la
implementación y las leyes que se deban desarrollar y reglamentar como resultado de la negociación,
las cuales de no manejarse adecuadamente podrían ser perjudiciales para el país
y sus FFMM.
Igualmente, consideramos de la mayor importancia la
grave crisis por la cual está atravesando la justicia en Colombia, producto de
fallos y actuaciones emanadas del poder judicial y la Fiscalía que aunque,
aparentemente son en derecho ponen en riesgo la vida de miles de colombianos y
la integridad de la Fuerza Pública. Su polarización
ha llegado a los niveles más altos, derivada de argumentaciones e
interpretaciones político-ideológicas que han venido asumiendo jueces,
magistrados y altas cortes; pero lo más absurdo y extraño, son las
coincidencias con organizaciones de la extrema izquierda y de las Farc.
Sumado a esto, el Fiscal General de la Nación ha
demostrado en sus actuaciones una actitud indulgente con los terroristas, configurando
para ellos escenarios de justicia restaurativa, con penas alternativas y muy
seguramente con renuncia a la acción penal. Mientras, mantiene una actitud radical
con los militares, los cuales son objeto de una justicia retributiva en una
especie de "venganza penal", de la cual dan cuenta las frecuentes
órdenes de detención y la vinculación a procesos de diversa índole, todo
enmarcado en el tema de violaciones de derechos humanos. La Unidad de “Análisis
y Contexto”, de la Fiscalía General de la Nación, sistemáticamente viene
señalando que los militares en Colombia han actuado dentro del contexto de una
“empresa criminal”, por lo cual nos asisten razones para inferir, que los
militares están ganando la guerra en el campo de combate, pero la están perdiendo
en el campo jurídico.
En lo que refiere a la reconstrucción de la Verdad Histórica,
preocupa enormemente el enfoque del informe ¡Basta ya!, publicado por el Centro
Nacional de Memoria Histórica. Allí se pretende mostrar que en Colombia la
guerra se presentó entre actores armados, separando al actor estatal de su
ligamen con la Constitución Política o sea, “un asunto entre militares e
ilegales” una conclusión, bastante grave, que en el fondo tiene una repercusión
jurídica y política para la institución.
También es necesario advertir que en todo este
desbarajuste institucional, ha contribuido en buena parte la ligereza e
irresponsabilidad de los medios, por no decir su intencionalidad, que en el
afán de la “chiva” o el “rating”, ponen
en peligro la credibilidad y prestigio institucional. Resulta de por demás
irresponsable que se presenten inculpaciones sobre supuestos hechos, no
comprobados ni debidamente investigados. Consideramos que estos escándalos
ameritan mayor prudencia antes de esquilmar la institución y sus miembros. Sabemos
que la libertad de prensa forma parte de la democracia, pero cuando trasgrede
límites éticos pone en riesgo la seguridad nacional y ciudadana.
En el campo internacional la situación no es menos
preocupante; tras efectuar un análisis comparado de diversos procesos de paz y
su impacto sobre las Fuerzas Armadas, concluimos que los principales afectados,
en gran parte, han sido los militares que enfrentaron a los irregulares, en
cumplimiento de la Constitución, políticas y lineamientos trazados por el alto
gobierno. No sería extraño, la aplicación de una justicia vengativa impulsada
por la izquierda radical, apoyada en ese imaginario internacional que se ha
construido sobre los militares latinoamericanos de quienes nos diferencia el
contexto, pues muchos de ellos actuaron en un escenario de dictadura, mientras
nosotros lo hicimos enmarcados en la democracia. Queremos señor Presidente,
conocer y estar seguros de su apoyo y compromiso con los soldados en este
trascendente tema.
Otra preocupación, se deriva de la intervención de
las Naciones Unidas. Este organismo ha participado en diversos procesos en el
mundo, aunque no en todos ha sido exitoso. Particularmente en Colombia, sus
delegados se han caracterizado por tener un sesgo político y animadversión
contra las Fuerzas Militares. Podrá entenderse, señor Presidente, la gran
preocupación que genera que sea esta organización, en el futuro, la que
participe a nombre de la comunidad internacional en la implementación del
acuerdo, pues no garantiza equilibrio y neutralidad. Por lo cual debería
pensarse en otros organismos o países, que ofrezcan las condiciones antes
descritas.
Señor Presidente, estamos completamente de acuerdo
que el objetivo de cambiar las balas por votos resulta loable y benéfico para
la construcción de la paz; sin embargo, la aplicación de este razonamiento no
debe verse únicamente como el fin de la violencia, sino más bien, de asegurar
el futuro democrático del país.
Consideramos que en el actual panorama nacional
existen dos debilidades sustanciales que advierten peligros para el escenario
futuro. En primer lugar, la situación de los partidos políticos, hoy día debilitados,
fragmentados, polarizados e incapaces de ejercer el poder que antes tenían.
Colectividades que cada vez se apoyan menos en el poder de convocatoria en
razón de sus ideales y más en maquinarias electorales. En la actualidad, son
las organizaciones y movimientos sociales quienes están recogiendo la
inconformidad ciudadana, pues hay una enorme desconfianza por la política, los
partidos y sus dirigentes. Es allí, donde están ganando espacio las FARC y el
ELN.
La segunda debilidad, radica en la visión misma que
tienen las partes sobre el proceso. Para el gobierno, es una generosa
oportunidad para que dejen las armas y se incorporen a la vida civil como
partido político legal; mientras para las FARC, es una oportunidad para ajustar
su estrategia, de tal manera que les permita asegurar la supervivencia y preservación
el movimiento guerrillero, sin dejar de intimidar con el potencial uso de las
armas que pretenden tener a su alcance hasta consolidar la toma del poder,
empleando su característica combinación de las formas de lucha. Esta es la
razón por la cual existe una ambigüedad entre dejación y entrega de armas. Además
que su mayor gestión, actualmente la están realizando fuera de la mesa, con
ayuda de aliados que están en la legalidad.
Sea cual fuere la situación, en cualquier escenario
y bajo cualquier circunstancia, no podemos olvidar que nuestros militares y
policías nunca han ido a la guerra motu
propio, sino bajo la dirección política y estratégica del poder civil, en
cumplimiento de órdenes emanadas por gobiernos elegidos democráticamente. Por
lo tanto seria no solo indigno, sino también injusto, que esas Fuerzas Armadas
que han sido respetuosas de la constitución y han enfrentado el conflicto,
ofreciendo la vida e integridad de miles de sus hombres, sean objeto de una
venganza política e ideológica de quienes representan la majestuosidad de la
justicia, o de aquellos que por gracia del favor que les confiera la sociedad
colombiana, alcanzaren el poder. Es en este tema, donde mayor seguridad y
tranquilidad esperan los soldados de Colombia de su gobernante.
Señor Presidente consecuente con todo lo anterior, y
dada su condición de Comandante en Jefe
de las Fuerzas Armadas de Colombia, esperamos de usted un pronunciamiento
concreto sobre estas realidades y peligros que tanto nos afectan.
Cordialmente.
C. Alm. (ra)
Luis Carlos Jaramillo Peña
Asesor
del Proceso de Paz
BG.EJC (ra) Jaime Ruiz Barrera
Presidente
de ACORE
MG. EJC. (ra) Víctor
Álvarez Vargas
Asesor del proceso de Paz
Presidente del Cuerpo de Generales y Almirantes
MG. FAC (ra)
Ricardo Rubianogroot R.
Asesor
del Proceso de Paz
BG. Ponal (ra) Pablo Rojas Flórez
Presidente del Colegio de Generales Policía Nal.
Las negociaciones con las FARC en La Habana
Fecha: 7 de marzo de 2014, 12:01
Asunto: Rv: De Fanny Kertzman
Asunto: Rv: De Fanny Kertzman
AJA Y ENTONCES......?
Fanny Kertzman
Es inevitable que el lema de la campaña de reelección “Unidos por la paz” sea el lastre que hunda al candidato de las Farc y de los Castro. Los mismos amigos de Maduro.
No es de extrañar que la oficina de prensa de Palacio, o sea el diario El Tiempo, no haya mencionado nada sobre la vía libre que acaba de dar el gobierno que preside, perdón, presidía, Juan Manuel Santos, a las otrora estigmatizadas Zonas de Reserva Campesina.
El Colombiano (febrero 15 de 2014, pág. 10) tituló: “Catatumbo abre puerta a la creación de las zonas de reserva campesina”. En efecto, el Incoder ha dado vía libre a la creación de las llamadas “republiquetas” donde no puede entrar la fuerza pública. “Hemos llegado a acuerdos con el gobierno...lo que queda es que el consejo directivo del Incoder...constituya la ZRC…en Tibú” explicó Juan Carlos Quintero, integrante de la Zona. Según el mismo, en marzo se emitirá la resolución definitiva. Son 115.000 hectáreas que desde La Habana acaba de “liberar” la guerrilla/mesa.
El 11 de julio 2013 en El Tiempo Santos había declarado enérgicamente: “no vamos a poner en juego la autoridad del Estado y la seguridad de los colombianos” en medio del paro en el Catatumbo, refiriéndose a las ZRC. Palabras vacuas como las “fuerzas oscuras” o las “investigaciones a fondo”.
No es el primer gol de la guerrilla. Humberto de la Calle fue muy claro en decir que no se negociaría nada por fuera de la agenda. En ella no estaba contemplada la salida subrepticia de guerrilleros para huir del ejército, como Pablo Catatumbo. Una semana después de su rescate, que ocurrió cuando el ejército le soplaba en la nuca, Caliche, su segundo, encargado de su seguridad, cayó a manos del ejército.
Para rematar, se levantó la orden de extradición al cantante Julián, que se encontraba dizque preso en Venezuela, para que se refugiase también en Cuba. Las Farc dictan la política carcelaria del país. Esto no es más que un Caguancito: los jefes se refugian en la zona desmilitarizada de La Habana y la guerrilla se toma parte del territorio nacional.
No ha dicho tampoco Santos que la mesa decidió que serán las Farc quienes determinarán la política agrícola y minera. Según el acuerdo publicado, se creará un Fondo de Tierras para repartir entre los campesinos baldíos apropiados y ocupados. Habrá “expropiación administrativa” para tierras “inexplotadas” que incumplan la “función social y ecológica”. Hay un plan no solo para delimitar la frontera agrícola, sino también para proteger las áreas de “especial interés ambiental que incluyen las zonas de reserva forestal”. Léase, la guerrilla determina dónde podrá haber agricultura y minería.
Raya en lo patético que “el acuerdo reconoce que las ZRC son una figura que tiene el Estado para... contribuir al cierre de la frontera agrícola y la producción de alimentos” (subrayado mío). Mejor no lo podíahaber dicho Nicolás Maduro. No desarrollo agrícola en la altillanura porque de golpe producimos más alimentos de la cuenta y nos da por exportarlos, poniendo en peligro la “seguridad alimentaria”.
La Habana también dicta la política de relaciones exteriores. El presidente Santos no ha sido capaz de sacar un solo comunicado oficial ante los graves hechos que están pasando en Venezuela. El miedo a que Maduro, perdón, Diosdado, decida “no apoyar” el proceso de paz impide que el gobierno colombiano se pronuncie como la democracia que pretende ser. Señor Santos, usted no necesita a Caracas para seguir su apuesta de La Habana. Cuba va a continuar apoyándolo porque no se va a perder el vitrinazointernacional. Pronúnciese en nombre de los colombianos, quítese las rodilleras.
Mientras tanto, los militares están encendidos. Los episodios Andrómeda, y ahora el escándalo de contratación, deslegitiman la capacidad del gobierno colombiano como negociador. El garrote se le salió de las manos a Santos y la zanahoria la está entregando ya en medio de la negociación.
Con el descrédito de la Mesa ante tantas irregularidades y abusos, es inevitable que el lema de la campaña de reelección “Unidos por la paz” sea el lastre que hunda al candidato de las Farc y de los Castro. Los mismos amigos de Maduro. Pero no, a Santos lo rescatará un gran salvavidas de mermelada. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados cuando se entrega el país a las dictaduras, a los narcotraficantes y a los corruptos?
miércoles, 12 de marzo de 2014
La dimensión humana y de líder militar del nuevo Comandante del Ejército de Colombia
“Las fuerzas militares no son
negociables en La Habana”: General Lasprilla
Por Edgar Artunduaga
@Artunduaga_
Revista KienyKe, Bogotá
5 de marzo de
2014
El General Jaime Alberto Lasprilla Villamizar, nuevo comandante del
Ejército Nacional, siempre ha hablado corto y directo. Su lenguaje y sus
acciones le han granjeado gran prestigio al interior de las fuerzas militares.
La historia lo recuerda al mando de 16 mil hombres de la Fuerza de Tarea Conjunta
Omega en el sur del país. “Inmovilizó” –como dicen en el argot militar- a 600 guerrilleros, entre desmovilizados, capturados y muertos
en combate. Y capturó a alias ‘El Boyaco’ y a alias ‘El Payaso’, dos sujetos de
la guerrilla de la más alta peligrosidad.
¿Por qué dice que “anhelamos la paz, pero digna y basada en una victoria
militar”?
Es un deseo de todos nuestros soldados. Las Fuerzas Militares no son
negociables, es decir, no serán tocadas en los diálogos, en las negociaciones que se están llevando a cabo en Cuba,
precisamente porque las Fuerzas Militares siempre han sido el bastión de la
democracia, de la protección de la soberanía, de la seguridad, de la integridad
del territorio nacional. El segundo tema tiene que ver con los beneficios si
hubiere lugar en el caso de llegar a un acuerdo para el cierre del conflicto,
beneficios posiblemente para los terroristas de las FARC, pero esos beneficios tienen que extenderse a los miembros de las
Fuerzas Militares. Y el tercer tema… no habrá un cese al fuego bilateral hasta
que no haya un acuerdo para poner fin al conflicto.
¿Cuando usted habla de victoria militar, obligatoriamente es ganarle la batalla militar a la
guerrilla?
Sí. Efectivamente es lo que se ha venido dando. La presencia de las FARC en la mesa de negociaciones es el resultado de una serie de
victorias, entendidas como la presencia permanente de las tropas en diferentes
regiones del país, garantizando la seguridad en el 95% de los municipios de Colombia que están bajo protección total,
gozando de esa seguridad. Estos resultados han permitido la reducción de las
capacidades terroristas, entendiendo esto como su capacidad armada, capacidad
financiera, logística, sus redes de apoyo al terrorismo. Ha sido un trabajo de
varios años, de más de una década precisamente debilitando a las diferentes
estructuras de las Farc.
En otras palabras, general Lasprilla, ¿el Ejército no perderá la iniciativa y la ofensiva militar?
Exactamente. Tenemos una hoja de ruta muy clara que está fundamentada en
el “plan de guerra espada de honor” del que se deriva nuestro plan de campaña.
Buscamos acelerar la derrota militar de los terroristas de las FARC. Es un
interés nacional, un deseo ferviente de la población civil y un anhelo anidado
en el corazón de los soldados. Pero como le decía, una paz con dignidad, una
paz sin imposiciones por parte de los terroristas de las FARC, una paz que le convenga al
país para que haya progreso y una seguridad estable.
¿Hay un sector del Ejército que no comparte los diálogos de La Habana y
que estaría torpedeando este proceso de paz?
No. Eso no es cierto de ninguna manera. ¿Quién más que el soldado que ha
sufrido las hondas heridas y cicatrices de la guerra para querer la paz de los
colombianos?
¿Está cohesionado entonces el Ejército, apoya irrestrictamente el proceso de paz que lidera el presidente en La Habana?
Sí, efectivamente. Nosotros más que nadie somos garantes de esa paz, y
precisamente los esfuerzos y los sacrificios, el valor diario que demuestran
nuestros soldados, su trabajo en todos los rincones de la geografía nacional,
están orientados precisamente para garantizar la vida, la honra y los bienes de
los ciudadanos, en procura de alcanzar esa paz.
¿Hay garantía y seguridad en todo el territorio nacional para actividad
proselitista o hay zonas en donde los políticos no deben acceder?
Todo el esfuerzo de Fuerzas Militares, Policía Nacional, está encaminado
a garantizar el libre ejercicio del sufragio en todos los rincones de la
geografía nacional. Habrá algunos sectores aislados por la parte de
infraestructura de carreteras y de pronto por logística en donde tendremos que
mover, digamos, las mesas para reubicarlas y para darles una mayor garantía a los
ciudadanos en el ejercicio del sufragio.
Sobre otro asunto, ¿desde su comandancia en el Ejército Nacional se va a
preparar a los soldados de Colombia para el posconflicto?
Precisamente una de las líneas de acción dentro de los planes de campaña
hay el propósito de la transformación. Vamos a determinar cuál es el ejército
ideal, el ejército que necesitan los colombianos para protegerse. Las amenazas
van evolucionando,
cambiando, amenazas internas y externas. En este sentido está trabajando el
Ejército Nacional.
General, para que lo conozca más el país, ¿cuál es su trayectoria
militar?
Soy un ciudadano normal, un soldado normal. Inicié mi carrera militar en
1977, en la Escuela Militar de Cadetes donde permanecí tres años y medio. He
ocupado diferentes cargos de responsabilidad. Fui ejecutivo y segundo
comandante de la Escuela de Infantería, comandante de la agrupación de fuerzas
especiales antiterroristas urbanas, comandante del batallón Voltígeros en Urabá, oficial de operaciones de la brigada 17 en Urabá, comandante del batallón Ricaurte, comandante del comando de
operaciones especiales del Ejército, comandante de la novena brigada en el Huila. Ya de general, comandante de
la fuerza conjunta de acción decisiva. Fue una participación significativa en el oriente del Tolima, en el Huila; de igual manera en la fuerza
de tarea conjunta Omega, en el área del nudo de Paramillo.
¿Se sorprendió con el nuevo cargo, fruto de un remezón militar?
Nosotros cumplimos unas etapas, escalafones y jerarquías. A veces las
cosas llegan de forma intempestiva y esos retos hay que asumirlos con la mayor
seriedad, compromiso institucional y responsabilidad, al lado de nuestros soldados.
sábado, 8 de marzo de 2014
Guerra política y Jurídica contra las Fuerzas Militares de Colombia
El
daño causado por la revista Semana a la dignidad del Ejército Nacional de
Colombia
Por General Jaime Ruiz Barrera- Presidente de ACORE
El Jefe de Estado tuvo que reconocer
públicamente la amenaza de que está siendo objeto el Ejército Nacional y su
equivocación inicial al señalar supuestas actividades ilícitas por parte de la
inteligencia militar.
“No solamente las organizaciones
terroristas, los grupos armados, sino también la guerra judicial y algunos
sectores políticos” se han constituido en los principales enemigos de nuestro Ejército Nacional.
Así lo afirmó, y por primera
vez en forma pública, el pasado 21 de febrero con ocasión
del reconocimiento de la nueva cúpula militar en ceremonia realizada en la
Escuela Militar de Cadetes José María Córdova.
En tono muy diferente y
reconciliador, expreso igualmente “la necesidad de confrontar
contundentemente estos enemigos”, cuya evidente intención
es la de desprestigiar y descalificar esta institución en la importante misión
que viene cumpliendo en defensa de nuestra soberanía y de la protección
ciudadana, frente a la acción terrorista de los distintos grupos armados
ilegales y a la guerra política y jurídica que exitosamente vienen realizando
algunos sectores minoritarios de la izquierda y extrema izquierda radical de
este país, y que tanto daño le están causando a nuestras instituciones
democráticas.
Hasta este momento, las distintas y
temerarias imputaciones formuladas por la revista Semana, que son motivo
de investigación por parte de la Fiscalía General de la Nación, Procuraduría y
Contraloría, no han sido confirmadas. Ninguno de estos entes
de control ha encontrado irregularidades en materia de
contratación, corrupción o conductas ilícitas realizadas por parte de la
inteligencia militar.
El irreparable daño moral y material
causado por este medio de comunicación a la buena imagen del Ejercito Nacional
y a varios Generales de la República puestos en la picota pública y que fueron
sancionados y retirados intempestivamente del servicio activo por parte del
Jefe del Estado, sin existir investigación previa y sin oportunidad alguna
para defenderse frente a los muy discutibles y graves señalamientos
de este medio de comunicación, ha causado gran indignación al interior
de las instituciones castrenses, como también en varios sectores de la sociedad
civil colombiana, la cual a través de diferentes escritos y
pronunciamientos públicos, está exigiendo claras y rápidas explicaciones sobre
la intención, el origen y manipulación de las grabaciones realizadas
por la Fiscalía y que fueron utilizadas irregularmente como fuente de
información para este montaje mediático que han originado el más
grande escándalo periodístico sufrido por las FF.MM de este país en
los últimos años.
Brigadier General (RA) Jaime Ruiz
Barrera
Ejército
Nacional
domingo, 2 de marzo de 2014
¿Estarán negociando al Ejército Nacional de Colombia en el proceso de La Habana?
El Presidente, una
revista y el Ejército
Por: Darío Acevedo Carmona |
Elespectador.com
Colombia es un país de
sorpresas y de situaciones inauditas. Lo ocurrido con el ejército colombiano
constata lo dicho.
Que las decisiones sobre relevos en
la cúpula militar dependan de crónicas periodísticas, que el jefe supremo de la
fuerza pública, por mandato constitucional, tome decisiones dando por ciertas
las informaciones de una revista dirigida por su sobrino, sorprende y asusta.
Las dos denuncias recientes de la
revista Semana, la de las actividades de inteligencia u “Operación Andrómeda” y
la de los casos de corrupción de altos oficiales podrían ser vistas como fruto
de investigaciones minuciosas, “objetivas”, “independientes”, compromiso ético
y cumplimiento de la función periodística.
El presidente Santos dio credibilidad
total y plena a las crónicas de Semana, apartó de sus cargos a dos generales
responsables de la operación, exigió investigación interna, habló de la
intervención de “fuerzas oscuras”, aunque al día siguiente, hubo de corregir al
reconocer que las actividades de inteligencia eran legales. Pero, el daño quedó
hecho.
Ante la segunda denuncia la reacción del presidente Santos fue todavía más
desconcertante. Llamó a calificar servicios a varios generales de distintas
fuerzas por no haber realizado los controles debidos para evitar la corrupción,
y, llamó a calificar servicios al comandante general de las fuerzas militares,
el general Barrero, que había llegado al cargo en agosto de 2013, precedido de
una aureola de lealtad, entrega, sacrificio y servicios a la patria. No salió
por acusaciones de corrupción sino por una desafortunada frase dicha de manera
privada, vía telefónica, a un alto oficial involucrado en los “falsos
positivos”.
En nombre pues, del honor militar y
de la buena imagen, el presidente optó por sacrificar generales y coroneles,
sin fórmula de juicio, sin darles la oportunidad de ser escuchados, mucho menos
de defenderse o de tener derecho al debido proceso. De buenas a primeras,
oficiales con una hoja de servicios de 35 o más años se encuentran de bruces en
el asfalto, cargando el fardo de la mala fama y de la deshonra.
Yo no voy a defender a priori a
ninguno de ellos, pero, tampoco voy a hacerle coro a una revista que no actúa
con transparencia ni al grupito de columnistas e intelectuales a quienes el
uniforme militar institucional les produce urticaria y vómito. Creo que, como
en toda comunidad u organización compleja, en particular, como es el ejército
nacional, pueden darse casos de corrupción y violación de normas del servicio,
disciplinarias y éticas que merecen ser investigadas y, comprobada la culpa,
sancionadas.
Pero, la carrera militar está rodeada
de ingratitud, cualquier falla, desliz, arbitrariedad o infracción puede dar al
traste con toda una trayectoria. Más allá, la carrera militar en un país con
tantos retos y peligros de grupos armados irregulares que apelan de forma
sistemática a la violencia contra las instituciones y la sociedad, puede
tornarse dramática y azarosa.
Los gobernantes les dan la orden de
hacer inteligencia, por ejemplo, para luego despedirlos a las patadas porque un
medio o una Ong entabla denuncias. Les ordenan hacerle la guerra al terrorismo
y a la vez les imponen un cúmulo de condicionantes y les montan un batallón
judicial que les dicen cómo deben hacer la guerra como si no hubiese guerra,
luego, les exigen resultados y, por último, se pueden ver involucrados en
campañas de propaganda y denuncias de sus enemigos jurados, que se traduce en
llamados a calificar servicios y muchas veces en la cárcel antes de ser
vencidos en juicio.
Está muy bien que se adelanten investigaciones a aquellos oficiales y agentes
que violen las leyes o que abusen de sus galones y de su autoridad por
corrupción o por el afán de ganar albricias con falsos positivos. Pero, lo que
es inadmisible es que se les niegue el derecho elemental de hablar, ofrecer
explicaciones y defenderse. Es una situación insostenible: tienen en sus manos
la defensa del país y son tratados como ciudadanos de segunda.
Estos dos últimos episodios dejan
muchas dudas, además del sinsabor en las tropas y su efecto negativo en la
moral de sus integrantes. La revista Semana es dirigida por un sobrino del
presidente Santos, el hijo de Enrique, el principal animador de los diálogos de
La Habana. Es válido preguntarse si el interés de la información era
periodístico o si se trató de una maniobra calculada para sacar del camino a
oficiales críticos. Preguntar por la fuente que proporcionó las grabaciones es
inútil, dirán que existe el derecho a no revelarla. Si la información salió de
la Fiscalía puede constituir una violación de la reserva de sumarios de
militares investigados. ¿Por qué en este coyuntura? ¿Por qué información de
inteligencia recabada por el ejército está en poder de quien ha defendido la
tesis de impunidad de las guerrillas?
Demasiado peligroso y desestimulante
para cualquier oficial la destitución del General Barrero por una conversación
hecha dos años atrás sin que se compruebe que tal frase haya tenido efectos
nocivos constatables y cuando el general no tenía el rango actual. Mucho más
grave y, además, sospechoso, que se denigre así al oficial que diseñó y dirigió
la operación en que fue abatido el comandante máximo de las FARC, Alfonso Cano.
El presidente Santos es el
funcionario público colombiano que más generales, coroneles y otros oficiales
ha descabezado en los últimos años, como ministro de Defensa y presidente.
Demuestra una gran vulnerabilidad a la presión de los medios y al bullicio
propagandístico de ONG caracterizadas por sus prejuicios contra la institución
militar, entre las cuales las hay que sostienen la insólita tesis de que el
estado y su ejército son los únicos que cometen crímenes de guerra, y las
guerrillas no porque no son signatarias del derecho internacional humanitario
ni de los protocolos adicionales de Ginebra.
Suenan hueras las reiteradas declaraciones del presidente sobre su amor y
respeto por la institución más querida y respetada por los colombianos, a la
que tanto ha maltratado y dado señales equívocas.
* Darío Acevedo Carmona
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